Contra la cultura de la violación. Editorial

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Edición MG

Imagen de Humor Político por Érika Spíndola

Blakely Morales

San Luis Potosí, Méx. La cuarta ola feminista devino marea, ante la urgente necesidad de reponer y resarcir la incalculable deuda histórica con las mujeres. En todas las agendas y frentes, el 8M 2021 se convertirá en el más radical de los tiempos recientes y que no sorprenda a nadie pues la rabia acumulada es bastante y la circunstancia actual, lo amerita.

El patriarcado es el sistema que ha generado la pandemia de machismo, que es razón y causa de atrocidades vigentes y antiguas: la devastación ambiental, la depredación de los recursos, la trata de personas, la explotación sexual y la esclavitud moderna; los genocidios y guerras, el maltrato a los niños y las niñas, a los animales domésticos, la cacería de animales silvestres; la discriminación racial, la homofobia, la transfobia y la lesbofobia.

La violencia sistemática de la ley marcial que pesa en favor del más fuerte sobre el más débil tiene su origen también, en el patriarcado.

El mundo lee su presente cada vez más en clave feminista, y uno de los objetivos urgentes de la agenda, es desmontar de nuestras sociedades, la cultura de la violación.

Sectores de ideología conservadora, partidos de derecha pero también de izquierda, intelectuales de élite y hombres heterosexuales en general, reniegan admitir, que vivimos en una sociedad donde los abusos y las violaciones sexuales, son más comunes de lo que pensamos. Es así que los actos más indignantes, pasan desapercibidos pues se ocultan en una negación que obnubila la capacidad de entendimiento alrededor por ejemplo, de la imposibilidad de una mujer para denunciar a su agresor inmediatamente después de haber ocurrida la violencia; lleva a creer que probablemente esté mintiendo y provoca que se ponga en duda su dolor.

En la cultura de la violación, los testimonios de las víctimas son menospreciados, o se toman por falsos. Se les culpa o responsabiliza de las actitudes asociales del depredador y sus casos en los juicios se archivan, porque el sistema jurídico, controlado por varones, no decide avanzar en sus procedimientos para defender a una y cientos de miles de mujeres víctimas de violencia.

Ni aquí en México, pero tampoco en España, Francia o Estados Unidos, se ha logrado dejar totalmente de revictimizar a las mujeres.

Y es que la misoginia no es un problema local, o producto de “la idiosincrasia del mexicano” (aunque abona), porque el patriarcado es un sistema global, avalado y soportado por cada uno de los individuos a pie, que conformamos colectivos desde donde lo respaldamos cada vez que, teniendo la posibilidad de renunciar a nuestros privilegios, preferimos la preservación del statu quo, o darle la vuelta al discurso feminista, tomando el lugar de víctimas.

Andrés Roemer, el “intelectual” de TV Azteca, acusado de acoso, tocamientos y violación sexual por al menos 61 mujeres, ha desaparecido prácticamente de la escena pública desde hace algunos días; dio de baja su cuenta de Twitter, y este domingo, previo a las marchas del 8M, se ha difundido que el ex integrante de la diplomacia mexicana, hizo amurallar su domicilio, una casona en la colonia Roma en el Centro de la Ciudad de México, a donde “invitaba” a sus víctimas para “cerrar tratos” de empleo y aprovechaba para acosar y abusar de ellas sexualmente.

El tipo ha venido utilizando ese mismo modus operandi desde hace más de veinte años, según ha documentado la red de Periodistas Unidas Mexicanas, por lo que se sospecha que las víctimas puedan ser muchas más.

En una entrevista para El País el 21 de febrero, Andrés Roemer se lanzó en defensa propia, diciéndose víctima del patriarcado. “Nunca he percibido que no hubiera un mutuo consentimiento. Entiendo perfectamente que los hombres tenemos una educación patriarcal muy equivocada y tenemos que aprender, crecer, escuchar, comunicarnos, madurar enormemente”, dijo.

Al hacer esta declaración, Roemer evidencia la discapacidad masculina para entender siquiera el lenguaje del sexo; donde hay consenso hay comunicación; donde no lo hay, es una violación.

Muy cerca de Roemer, está la respuesta que dio el youtuber, Ricardo González Rix, unas horas después de que la también youtuber, Natalia Campos, hiciera pública su denuncia contra él por violación sexual hace varios años en su propio domicilio, después de una noche de fiesta “entre amigos”.

Rix ofreció el mismo cuento en sus historias de Instagram: afirmó no haberse ni enterado de que estaba cometiendo una violación, aseguró haber ignorado que se trataba de un acto no consensuado, como si no fuese esa regla básica y se excusó pidiendo disculpas.

Roemer pidió disculpas también “a cualquier ser humano al que haya faltado”. Estos hijos sanos del patriarcado, esperan que con un lo siento sea suficiente para que el resto, los tratemos como si fueran menores de edad incapaces de saber qué tan grave era lo que hacían. Y esto se replica en las estructuras verticales y patriarcales de las que formamos parte.

Gracias al uso estratégico de las redes sociales, hoy Rix enfrenta prisión preventiva y espera la sentencia de un juez por tentativa de violación equiparada con agravante. Por desgracia, no todos los casos pueden tener ese nivel de publicidad y cobertura mediática.

Tan solo en enero, la Fiscalía General del Estado de San Luis Potosí, reportó una incidencia en el delito de violación simple, de 45 denuncias. El año pasado, en total hubo 633 denuncias por el mismo, prácticamente dos casos de violación por día. Y eso es apenas lo que alcanzamos a ver, diario ocurren en todos los rincones, decenas o miles de actos de violencia, cuyo registro no existe en las bases de datos.

Estaremos rompiendo el pacto patriarcal, cuando nos deshagamos de aquello que alienta  la cultura de la violación: nuestra omisión y validación a través de la música, películas, programas de televisión y contenido en internet, incluida la pornografía que ha educado y está educando a generaciones enteras en un ideal violento, posesivo y muy poco real de la sexualidad humana, y cuyo consumo  ha comenzado a darse desde edades cada vez más tempranas.

También debemos incluir abolir la prostitución, pues la transacción monetaria a cambio de cuerpos femeninos esclavizados no implica consenso, sino formas de abuso y violación, disfrazadas de mercantilización del placer.

Según sus víctimas, Andrés Roemer culminaba sus embestidas arrojando billetes. Basilia Castañeda, una de las denunciantes de Félix Salgado Macedonio, ha narrado que al final de la violación de que fue víctima, el hoy candidato de Morena para el gobierno de Guerrero, le arrojó un billete de cien pesos en la cara.

No es casual que los casos de violación más sonados provengan de los medios o la política, el nivel de auscultación en estos ámbitos, así lo ha facilitado; pero los violadores están por todas partes y reconocerlos y no encubrirlos, es romper el pacto.

Estoy seguro que no hay una sola conciencia masculina donde no retumbe el coro de “Un violador en tu camino” de Las Tesis, cuando gritan ellas al unísono: “¡El violador eres tú!”.

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