
Por Diego Aguilar
Semana 1 de la NFL y ya habrá quienes —profesionales, gurús de apuestas y amateurs— quieren jubilar a un QB de primer o segundo año por un mal rating. Este chip “pambolero” de matar o endiosar a un QB tras un partido o una temporada me revienta; es un amarillismo deportivo aberrante.
Recuerdo perfectamente la final de conferencia pasada, cuando los Bills no pudieron con Mahomes y compañía. Por costumbre del periodismo deportivo mexicano, Sergio Dipp, titular de SportsCenter, comenzó su programa con declaraciones muy “futboleras”, intentando armar narrativas como si Josh Allen y Travis Kelce fueran el “9” del Barcelona y del Madrid…
Entiendo de dónde viene la comparación: en el soccer, fichas a un jugador por X cantidad de dinero y esperas resultados inmediatos, a menos que sea un juvenil para desarrollar. En la NFL no funciona así. Aquí los jugadores se adquieren vía trade (intercambio de jugadores o picks de draft) y cada año llegan nuevas generaciones de drafteados.
La atención de los medios siempre se centra en la primera ronda, donde están los “mejores” prospectos según el ojo clínico de los scouts y las calificaciones de NCAA Division 1. Muchos de estos QBs llegan a equipos en reconstrucción o en crisis institucional y son los llamados a ser los “bomberos” de la franquicia.
Los QBs necesitan paciencia para desarrollar lecturas, progresiones y madurez deportiva. Evidentemente hay excepciones a la norma, como la locura de Stroud o la Jaydenmania del año pasado… Pero entendamos algo: los números y estadísticas no lo son todo en la NFL. Para mí, la estadística más válida es el EPA, pero ese tema lo dejamos para otro día.
Los contextos importan y mucho. No es lo mismo que Bryce Young llegue a un entorno favorable como el de Bo Nix el año pasado, que Stroud caiga en unos Jets desastrosos con Zach Wilson. No estoy justificando la mediocridad, solo que son procesos largos para juzgar QBs. Y repitan conmigo: ¡LA VICTORIA NO ES ESTADÍSTICA DE QB!
Ejemplos de paciencia y desarrollo
Josh Allen (Bills, draft 2018)
• Año de novato: 10 TDs, 12 INTs, 52.8% de pases completos.
• Año 2: 20 TDs, 9 INTs, 58.8% de pases completos.
• Año 3: 37 TDs, 10 INTs, 69.2% de pases completos, 4,544 yardas. Segundo en votación MVP.
Muchos lo llamaban “bust” en 2018–2019. ¿Hoy? Hoy es MVP.
Jared Goff (Rams, draft 2016)
• Año de novato: 0-7 como titular, 5 TDs, 7 INTs, 54.6% de pases completos.
• Año 2: Con Sean McVay como coach, 28 TDs, 7 INTs, rating 100.5, campeón divisional.
• Año 3: 4,688 yardas, 32 TDs, 12 INTs, llevó a los Rams al Super Bowl LIII.
Etiquetado como “producto del sistema”, fue mandado a Detroit en un trade por Stafford.
En 2022 llevó a los Lions a la mejor ofensiva de la liga y en 2023 los puso a un paso del Super Bowl.
Si los entrenadores escucharan a los “profesionales” de la prensa deportiva, ¿de qué jugadores nos hubiéramos perdido?
Y sí, también hay busts: Paxton Lynch (Broncos, draft 2016)
• Año de novato: sentado toda la temporada.
• Año 2: debut en 4 partidos, 4 TDs, 5 INTs, 59.7% completos, rating 67.9.
• Año 3: apenas 3 partidos como titular, mismas dificultades, lesiones y baja consistencia.
Desenlace: fuera de la NFL para 2019, uno de los peores picks de primera ronda en años recientes.
En la NFL, un QB no se cocina en una temporada, y mucho menos en contextos complicados.
El gran problema es querer narrar la NFL como si fuera Liga MX: con amarillismo, prisas y etiquetas fáciles.









