El salto más inesperado en la carrera de Rosalía: reseña de “LUX”

Por Alexa Durán
Tener como primer single una canción con Bjork te dice que este no va a ser un álbum convencional.
Después de marcar una era con el enorme impacto cultural de Motomami, la artista española regresa con un trabajo que promete expandir, cuestionar —o incluso redefinir— la identidad sonora que ha construido en los últimos años.
Hablemos un poco sobre LUX.

Sonido y producción
Con el anuncio oficial se confirmó que el álbum fue grabado junto a la Orquesta Sinfónica de Londres, bajo la dirección de Daníel Bjarnason y con Rosalía como productora ejecutiva. Ese detalle, por sí mismo, explica mucho de lo que se escucha: cuerdas poderosas, arreglos clásicos, silencios dramáticos y explosiones sonoras.
La parte instrumental destaca más que nunca. No se parece a ningún trabajo previo de Rosalía; de hecho, no se parece a casi nada en el mainstream actual.
Las piezas parecen construidas para ser parte de una experiencia inmersiva, como si el oyente estuviera frente a una sinfónica en vivo (y en algunas partes, como si estuviera en misa). Es un disco alejado de tendencias y, justo por eso, cautiva.
Pasan demasiadas cosas —trece idiomas, coros angelicales, momentos experimentales— pero de alguna forma hay armonía dentro de todo eso.
Letras y temáticas
LUX es un álbum espiritual, lleno de imágenes religiosas, referencias a divinidad, mitología, iluminación y caos. El proyecto explora la idea de Dios, de la sombra, del castigo, de la conexión humana como un acto casi sagrado. Hay frases que se me quedaron grabadas de inmediato, como:
“Primero amaré al mundo y luego amaré a Dios”,
“Tu amor es una avalancha, cae por su propio peso al existir”,
“Destruiría el cielo por ti”.
Rosalía juega con la contradicción: puede ser “la luz del mundo” y “la nada” al mismo tiempo, y esa dualidad se siente en todo el proyecto.
No estoy completamente segura de entender este álbum como concepto completo, pero sí como una experiencia.
Canciones destacadas
“Berghain”, colaboración con Björk y Yves Tumor, es probablemente el corazón del álbum. Resume su rareza, su experimentación y su belleza. Habla de la divinidad como intervención y salvación: “la única manera de salvarnos es por medio de intervención divina”. Es inquietante, extraña y, por eso mismo, perfecta dentro del contexto de LUX.
“Porcelana” es otra de las piezas más fascinantes. Contrasta ideas opuestas —“soy la luz del mundo, yo soy nada”— y cierra con un coro angelical y capas instrumentales que recuerdan directamente a las influencias de Björk, a quien Rosalía ha citado como una de sus máximas inspiraciones.
“Dios es un stalker” destaca por su concepto (al menos como yo lo interpreto): Rosalía adopta la perspectiva de Dios como alguien omnipresente que rompe sus propios límites para estar cerca de una persona. “Yo te sigo, soy tu sombra”. Es irónica, irreverente y curiosamente tierna.
Un punto alto del álbum es “De Madrugá” y creo que será una de las favoritas para muchos.
Y el cierre, “Magnolias”, es posiblemente el mejor final que podía tener el disco: introspectivo, emocional e impactante.
Experiencia general
No voy a mentir: cuesta agarrarle el hilo en la primera escucha. Y tal vez esa sea la intención. LUX rompe con lo que esperamos de un disco pop, incluso de un disco experimental. Pero una vez que llegas a “Berghain”, el álbum te atrapa por completo y empieza a cobrar sentido.
Es un proyecto que exige paciencia, escucha activa y mente abierta. No está hecho para sonar en TikTok ni para las tendencias que vemos hoy en el mainstream. LUX está hecho para provocar, cuestionar, elevar y confundir (en el buen sentido).
Para aLgunos será una joya; para otros, un enigma. Para mí es una mezcla de ambos.
Y definitivamente no es un álbum que pase desapercibido.
Aunque no soy alguien que escucha a Rosalía de forma regular, es imposible no admirar su capacidad para aventurarse en territorios poco convencionales.
LUX es complejo, arriesgado, teatral y sobre todo, honesto. Para mi, no es un disco que se “entienda” en una sola escucha: necesita espacio para asentarse.
Se nota el tiempo y el esfuerzo detrás de cada arreglo, cada coro y cada línea. Tal vez sea su proyecto más difícil de describir, pero también uno de los más artísticos de su carrera.









