
El Sol.-
La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) concretó el traslado de 29 bisontes, conformados por 19 hembras y 10 machos, desde el Rancho El Uno, ubicado en la Reserva de la Biosfera Janos, hacia el Rancho Los Ojos Calientes, en Sonora, como parte de una estrategia nacional de recuperación de esta especie emblemática.
Previamente, Chihuahua donó 44 ejemplares a Coahuila, consolidándose como el principal semillero de bisontes en México. Hoy, las manadas criadas en territorio chihuahuense comienzan a repoblar el norte del país, fortaleciendo los esfuerzos de conservación.
Hace apenas unas décadas, imaginar bisontes caminando nuevamente en México parecía imposible. Hoy, esa escena no solo es una realidad, sino que se ha convertido en uno de los casos más exitosos de restauración ecológica en el país, con epicentro en Chihuahua.
El bisonte americano (Bison bison) no es solo un símbolo de la fauna silvestre, sino una especie clave para el equilibrio ambiental. Su presencia transforma el paisaje: cada pisada rompe la tierra compacta, su estiércol fertiliza el suelo y su orina aporta nutrientes, activando procesos naturales que favorecen la infiltración de agua, la regeneración de los pastizales y la conservación de la biodiversidad.
En un ecosistema frágil como el desierto chihuahuense, estas funciones son fundamentales. Donde hay bisontes, el suelo se regenera, la vegetación regresa y la biodiversidad se recupera de forma natural, sin necesidad de intervención artificial intensiva.
La historia moderna de su recuperación comenzó en 2009, cuando la Reserva de la Biosfera Janos recibió una pequeña manada de 23 bisontes. Esta reintroducción marcó el inicio de un ambicioso proyecto científico y de conservación, basado en manejo técnico y visión a largo plazo. Hoy, más de 17 años después, esta población se ha consolidado como una de las pocas manadas genéticamente puras de Bison bison en el mundo.
Su importancia también es cultural e histórica. Durante siglos, el bisonte fue fundamental para los pueblos indígenas del norte de México, especialmente para los apache, conocidos como N’dee, N’nee o Ndé, quienes lo consideraban fuente de sustento, identidad y equilibrio con la naturaleza. Como uno de los herbívoros más grandes de Norteamérica, requiere extensas áreas para sobrevivir, y su tamaño, fuerza y comportamiento lo convierten en una pieza esencial para el funcionamiento de los ecosistemas.
Sin embargo, a inicios del siglo XX, la cacería indiscriminada y la destrucción de su hábitat provocaron su extinción en vida silvestre en México, generando un vacío ecológico que tardó décadas en comenzar a repararse.
Fue hasta 2009 cuando instituciones como la Conanp, en colaboración con Cuenca Los Ojos A.C. y el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, iniciaron un programa de reintroducción del bisonte en su hábitat histórico, marcando el inicio de su recuperación.
El reciente traslado a Sonora representa un nuevo capítulo en este proceso de conservación. La mayoría de las hembras se encuentran gestantes, por lo que se espera el nacimiento de nuevas crías en abril, lo que permitirá fortalecer y consolidar la nueva manada en su entorno.
Un bisonte puede reproducirse cada dos o tres años y vivir entre 10 y 12 años, aunque en condiciones silvestres adecuadas y bajo manejo técnico, su esperanza de vida puede alcanzar hasta los 18 o incluso 20 años.












