Morrissey se lanza contra lo artificial del mundo

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El Sol.-

Amado y vilipendiado, pero jamás ignorado. Desde sus inicios con una de las bandas insignia del brit pop, hasta su consolidación en solitario, Steven Patrick Morrissey es una de las voces que siempre están ahí, con algo que decir.

Desde hace unos años, la mayoría de los medios utiliza sus espacios para hablar de todas las cuestiones extramusicales que, aunque no son pocas y forman parte esencial del personaje, nunca deberían estar por encima de su obra.

Por eso ahora que el músico acaba de estrenar disco, es el momento ideal para abordar su obra, particularmente la más reciente que se dio a conocer el pasado 6 de marzo, bajo el título de Make-Up Is a Lie.

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La nueva producción de Morrissey marca además un hito, pues significa su retorno a Sire Records (subsidiaria de Warner Music Group), el sello que catapultó a The Smiths en Estados Unidos hace cuatro décadas.

El concepto central de Make-Up Is a Lie (El maquillaje es una mentira) es una exploración existencial sobre la autenticidad en una era de apariencias digitales y discursos prefabricados. De acuerdo con un comunicado de Sire Records, publicado a principios de 2026, el disco es “una insistencia temática en la claridad emocional y la franqueza poética”.

En esta obra, Morrissey utiliza el concepto de “maquillaje” no sólo de forma literal, sino como una metáfora de la censura, el retoque mediático y la falsedad política. El artista declaró a través de su plataforma oficial, Morrissey Central:

“El maquillaje es lo que nos ponemos para que el mundo no nos vea, pero también lo que las instituciones usan para cubrir la podredumbre. Al final, la piedra de la tumba no lleva base de maquillaje; sólo lleva la verdad”.

El disco transita entre la vulnerabilidad personal y la crítica social mordaz.

La canción principal, “Make-Up Is a Lie”, abre con un ritmo hipnótico de batería con eco y una línea de bajo prominente que evoluciona hacia un estribillo de dream-pop. Escrita junto a la tecladista Camila Grey, narra un encuentro surrealista en un cementerio parisino. La letra habla de una mujer (una “poeta en reclusión”) que, incluso tras su muerte, envía un mensaje tallado en granito. Aquí, la tumba simboliza la permanencia de la verdad frente a lo efímero de la imagen pública.

Pero no todo son metáforas. También se incluyen canciones más directas, como “You’re Right, It’s Time”, donde el artista abandona la sutileza para atacar el materialismo y la obsolescencia programada, mientras que en “Kerching Kerching”, describe el sonido de las cajas registradoras como el único latido del corazón moderno.

Y también hay homenajes, como el del tema “Lester Bangs”, que funciona como una elegía pero también como una crítica al legendario periodista musicalMorrissey utiliza la figura de Bangs para reflexionar sobre la muerte de la crítica de arte independiente, describiéndolo como un “neandertal con una máquina de escribir” que, a pesar de todo, poseía una pasión que hoy ya no existe.

El otro tributo se lo dedica a Roxy Music, con una versión del tema “Amazona”, en clave de art-rock, con arreglos de guitarra psicodélicos.

De acuerdo con la reseña correspondiente de la revista Mojo, este disco es un retorno a las formas, argumentando que “el uso de guitarras acústicas y la inclusión de Alain Whyte devuelven al cantante esa calidez melódica que se había perdido entre tanta experimentación electrónica”.

Morrissey

En “The Night Pop Dropped” critica a la industria musical, a la que describe como una máquina de censura que “decapita” la originalidad en favor de la corrección política / Reuters

Cómo suena en la actualidad

En estas nuevas canciones, el músico abandona el sintetizador denso de sus trabajos anteriores para abrazar arreglos de pop de cámara, glam rock e incluso toques de trip-hop.

El álbum fue producido por Joe Chiccarelli (conocido por su trabajo con The Strokes y The White Stripes), quien repite colaboración con Morrissey tras el éxito de I Am Not a Dog on a Chain.

Make-Up Is a Lie fue grabado en los emblemáticos estudios La Fabrique en Saint-Rémy-de-Provence, al sur de Francia, durante sesiones intermitentes entre 2023 y 2024. Esta sala de grabación, ubicada en una estructura del siglo XIX, influyó en el sonido “camarístico” y orgánico del disco.

Para esta entrega, Morrissey se rodeó de su “núcleo duro” de músicos, pero también incorporó sangre nueva para refrescar su paleta sonora:

Se encuentran con él Jesse Tobias, guitarrista y colaborador histórico que también se ha involucrado en la coautoría; el guitarrista Alain Whyte, quien fuera responsable del sonido del clásico disco Vauxhall and I; la tecladista y co-autora Camila Grey; la guitarrista Carmen Vandenberg, conocida por su trabajo en Bones UK, aportando un filo industrial; el bajista colombiano Juan Galeano, de la banda Diamante Eléctrico, el baterista Brendan Buckley, y el tecladista Gustavo Manzur.

Sobre la experiencia de trabajar con “Moz”, Galeano dice a El Sol de México:

“Este disco lo grabamos en bloque, tocando todos juntos en el mismo cuarto. Había unas 20 canciones. El proceso para grabar es que le mandas las canciones; yo escribí algunas de ellasaunque no todas quedaron para este álbum y hasta que llegas el estudio ves cómo será todo, porque antes no tienes ni idea de qué va a pasar, así que siempre es como una buena sorpresa cuando te pones los audífonos y empiezas a tocar en vivo”.

“Él es para mí uno de los mejores escritores de canciones que hay en la historia -continúa-, es una pluma increíble, tiene muchísimo arte en su cabeza, muchas referencias, mucha poesía y eso siempre es algo muy inspirador para cualquier músico; llevo casi 5 años trabajando con él, y grabar este disco fue una experiencia muy bonita y muy enriquecedora, además de que cuando lo escuchas cantar pues es un deleite total”.

Galeano toca el bajo también en vivo con Morrissey desde hace dos años, y curiosamente la conexión se dio en nuestro país.

“Nos conocimos en el en el Auditorio Nacional, en 2019 y creo que le caí en gracia, porque cuando cayó la pandemia me llamaron para hacer unos shows, para reemplazar a un bajista que no podía llegar o algo así, total que lo hice y les gustó lo que yo lo que yo hacía y lo que llevaba la banda, así que desde entonces sigo con ellos. Soy el único latino entre todo ese equipo, que son puros ingleses”.

Lo poético por encima de lo político

El activismo de Morrissey, a menudo polémico, no está ausente en esta entrega. Sin embargo, como afirman los comunicados de Sirese enfatiza el valor “poético” por encima del político. Aun así, las letras reflejan su visión crítica:

Notre-Dame” es la canción más controvertida del álbum. En sus presentaciones en vivo previas al lanzamiento (y en la versión de estudio), la letra cuestiona la narrativa oficial sobre el incendio de la catedral de París en 2019Morrissey sugiere que el evento fue un ataque silenciado: “Antes de las investigaciones, dijeron: ‘esto no es terrorismo’”. Esta canción refleja su postura defensora de la herencia cultural europea frente a lo que él percibe como amenazas externas.

The Night Pop Dropped” es una crítica directa a la industria de la música actual, a la que describe como una máquina de censura que “decapita” la originalidad en favor de la corrección política.

Y aunque no se percibe un activismo tan férreo como el de Meat Is Murder, canciones como “Many Icebergs Ago” vinculan la decadencia humana con la destrucción del mundo natural, manteniendo su postura ética de respeto a la vida no humana desde una perspectiva melancólica.

Incluso algunas voces han considerado a éste una especie de álbum “Frankenstein”, por ser el resultado de la reestructuración de dos proyectos previos que no vieron la luz: Bonfire of Teenagers y Without Music the World Dies, de los que se descartó la mitad del material original y se grabaron seis canciones nuevas en Francia a finales de 2023 para dar coherencia al nuevo concepto.

En su crítica editorial, el diario The Independent, escribió que Make-Up… “es un recordatorio de que Morrissey prefiere ser un paria con una melodía perfecta que un santo con un disco mediocre”, y que “la producción de Chiccarelli permite que su voz, aún impecable, domine el espacio”.

La escritora Rachel Aroesti, del diario británico The Guardian, tampoco se tocó mucho el corazón en su reseña de este mes, al señalar que estamos ante un “nostálgico, sentimental y a veces aburrido, pero innegablemente Morrissey (quien) sigue siendo una sombra de lo que fue, pero incluso su sombra es más interesante que la mayoría de los artistas actuales”.

Pero más allá de filias y fobias personales, Make-Up Is a Lie se erige como el manifiesto de un hombre que, a sus 66 años, se niega a usar los filtros de la modernidad.

Como apunta Sire Records: “Morrissey no ha vuelto, porque nunca se fue; simplemente estaba esperando a que el maquillaje de los demás se derritiera”.

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