Fallece el economista y expresidente de la Fed, Alan Greenspan; era conocido como “Oráculo” y “Maestro”

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La noticia de la muerte a los 100 años fue confirmada por su esposa, Andrea Mitchell, corresponsal de NBC News; “será recordado por su brillantez y su bondad”, dijo

AP.- Alan Greenspan, quien fue presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed, por sus siglas en inglés) entre 1987 y el 2006, ha fallecido a los 100 años de edad, informaron allegados.

Su esposa desde hace 29 años, la corresponsal de NBC News Andrea Mitchell, informó que falleció el lunes por complicaciones de la enfermedad de Parkinson.

“Para mí era mi esposo, quien moldeó mi vida desde nuestra primera cita en 1984″, declaró Mitchell manifestó.

“Tenía una ‘exuberancia irracional’ por el béisbol, los Washington Commanders, el tenis, el golf y la música, especialmente el jazz. Será recordado por su brillantez y su bondad. Ser su compañera de vida fue la alegría de mi vida”, agregó.

Durante sus 18 años y medio al frente de la Fed, Alan Greenspan presidió una etapa sostenida de crecimiento y prosperidad en Estados Unidos, aunque esa era terminó con consecuencias devastadoras en 2008, dos años después de que dejara el banco central.

Greenspan fue tan respetado durante sus muchos años como jefe del banco central más influyente del mundo que, para cuando dejó el cargo en 2006, era celebrado ampliamente como el “Oráculo” y el “Maestro”.

Sin embargo, la reputación de Alan Greenspan sufrió un serio revés cuando el mercado inmobiliario estadounidense colapsó, encendiendo una crisis financiera global que estuvo a punto de derribar el sistema bancario de Estados Unidos y hundió a la economía en la peor recesión desde la década de 1930.

Los críticos atribuyeron gran parte de la culpa de la crisis a las políticas de dinero fácil de Greenspan y a lo que consideraban una fe excesiva en mercados financieros con supervisión ligera.

El propio Alan Greenspan reconoció después que “cometí un error” al suponer que los bancos del país podían autorregularse.

En sus 18 años y medio en la Fed, este presidió un asombroso auge de los precios de las acciones y un boom económico de 10 años que comenzó en marzo de 1991. Fue celebrado como un virtuoso que alimentó el bienestar económico y cuyas palabras eran analizadas en busca de pistas sobre hacia dónde podrían dirigirse las tasas de interés, la economía y los mercados financieros.

Las intenciones de Alan Greenspan eran tan observadas que dieron origen a un nuevo folclore: el “Indicador del Maletín”. Un maletín abultado que se llevaba a las reuniones de la Fed implicaba que podían avecinarse cambios, porque él llevaba consigo gráficos e investigaciones para defender sus argumentos.

No obstante, la reputación de Alan Greenspan empezó a resentirse casi tan pronto como dejó la Federación en 2006.

Los precios de la vivienda comenzaron a bajar y luego aceleraron en una caída vertiginosa que infligió enormes pérdidas a bancos, fondos de pensiones y otros inversionistas que habían apostado fuerte por el sector inmobiliario. A medida que los valores de las viviendas se desplomaban, millones de ciudadanos —muchos de ellos atrapados con deudas hipotecarias desmesuradas— perdieron sus casas. La crisis financiera llevó a la economía a hundirse en la Gran Recesión de 2007-2009, la peor contracción desde la Gran Depresión de la década de 1930.

La crisis en Estados Unidos se propagó rápidamente al extranjero, lo que derivó en una crisis de deuda para países de Europa, y llevó a China a diseñar un enorme paquete de estímulo gubernamental para estabilizar su economía.

Con el paso del tiempo, los críticos asignaron gran parte de la culpa a las políticas de dinero fácil de él, a su fe en la supervisión ligera y a su escasa atención a la toma de riesgos que había prosperado en el sistema financiero bajo su vigilancia.

Hasta entonces, sin embargo, parecía que Alan Greenspan no podía equivocarse. No sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, era visto con una mezcla de reverencia y asombro. Muchos incluso temían abiertamente el día en que dejara la Fed.

Los inversionistas se aferraban a sus observaciones, a veces inescrutables. En la más conocida de esas frases, Greenspan sacudió a los mercados financieros el 5 de diciembre de 1996, cuando sugirió con apenas dos palabras —“exuberancia irracional”— que los precios de las acciones estaban demasiado altos.

Consciente de su poder para mover los mercados, Alan Greenspan solía recurrir a la ambigüedad. En ocasiones, incluso satirizaba ese hábito. Le dijo una vez a un desconcertado comité del Congreso: “Sé que ustedes creen que entienden lo que creen que dije, pero no estoy seguro de que se den cuenta de que lo que oyeron no es lo que quise decir”.

Nacido en el vecindario de Washington Heights en Manhattan, el joven Greenspan era un prodigio de las matemáticas que su madre exhibía ante los visitantes.

“Yo era la atracción accesorio en las fiestas”, contó en una entrevista con PBS NewsHour en el 2007. Tras abandonar la Escuela de Música Juilliard, trabajó como músico profesional en su adolescencia, tocando el clarinete y el saxofón junto al futuro grande del jazz Stan Getz, una experiencia aleccionadora que persuadió al joven Greenspan a buscar otra línea de trabajo.

Cursó estudios de licenciatura y posgrado en economía en la Universidad de Nueva York, donde finalmente obtuvo un doctorado.

¿Quién fue Alan Greenspan?

Durante la mayor parte de tres décadas, dirigió una firma de consultoría económica. En la década de 1950, se convirtió en discípulo de la filósofa libertaria Ayn Rand, quien le endosó el apodo de “Undertaker” (“el enterrador”) por su ropa oscura y su porte silencioso. Cuando Greenspan juró como principal asesor económico del expresidente Gerald Ford en 1974, Rand estuvo a su lado.

El presidente Ronald Reagan eligió a Alan Greenspan para dirigir la Fed en 1987. Fue puesto a prueba casi de inmediato. El 19 de octubre de 1987, fecha que llegó a conocerse como el “Lunes negro”, el mercado bursátil sufrió la peor caída porcentual en un solo día, apenas dos meses después de iniciado su mandato. El promedio industrial Dow Jones perdió rápidamente el 22.6% de su valor por razones que entonces no estaban del todo claras y que siguen siendo opacas hasta hoy.

Alan Greenspan recibió crédito por ayudar a restablecer la calma y la estabilidad. Aseguró a Wall Street que la Fed suministraría al sistema financiero tanto dinero como fuera necesario para recuperar la tranquilidad. Las acciones se recuperaron y la economía salió indemne del desplome del mercado.

Las habilidades de Greenspan para gestionar crisis volvieron a ponerse a prueba en 1997 y 1998, cuando una crisis financiera en Asia amenazó con extender la devastación económica por todo el mundo.

Bajo Greenspan, la Fed organizó un préstamo de emergencia a Tailandia en las primeras etapas de la crisis y persuadió a bancos norteamericanos para que renovaran préstamos de corto plazo a Corea del Sur.

Durante su gestión en la Fed, Greenspan recibió elogios por presidir lo que en ese momento fue la expansión económica más larga en la historia de Estados Unidos: una racha de prosperidad de 10 años que se extendió de marzo de 1991 a marzo de 2001. En ese periodo, la tasa de desempleo del país cayó brevemente por debajo del 4% por primera vez desde 1970.

Y la inflación, que había atormentado a Estados Unidos y a gran parte de la economía mundial durante la década de 1970, se mantuvo notablemente contenida durante la presidencia de Greenspan, algo que muchos economistas no creían posible durante un periodo tan prolongado.

Durante el largo auge, sostuvo que las mejoras tecnológicas habían hecho a la economía tan eficiente que podía crecer más rápido, con tasas de desempleo más bajas, sin desatar inflación. En consecuencia, decía la teoría, la Fed podía mantener bajas las tasas de interés incluso cuando la economía rugía.

Como director de la Fed, disfrutaba escudriñar recónditos datos económicos, desde cargamentos mensuales en vagones de tren hasta la producción de acero, todo con el objetivo de evaluar hacia dónde se dirigía la economía. A menudo llamaba por teléfono a economistas de otras agencias gubernamentales para discutir detalles. Se levantaba temprano cada mañana para sumergirse dos horas en su bañera, tiempo que aprovechaba para revisar estadísticas y memorandos del personal de la Fed.

De manera improbable, Alan Greenspan también apareció en las páginas de chismes por sus relaciones con mujeres. Salió con la periodista de televisión Barbara Walters y más tarde se casó con Andrea Mitchell, de NBC News, tras un noviazgo de 12 años. No tuvieron hijos.

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