La inteligencia artificial nos está quitando el alma

Por Alexa Durán.
Estos últimos años hemos visto una evolución abismal de la IA y debo de admitir que son impresionantes todas las posibilidades que una inteligencia artificial ofrece: tareas que requerían tiempo y esfuerzo ahora pueden realizarse en cuestión de segundos solamente con un prompt. Pero dentro de esas posibilidades, hay infinidad de riesgos; especialmente en el ámbito artístico.
Proyectos creativos están empezando a ver lo que suena a una trama de ciencia ficción: que una máquina pueda reemplazarnos, y es preocupante.
Hoy en día podemos ver dibujos, publicidad, mini novelas y canciones hechas con IA, y son cada vez más comunes. Esta revolución tecnológica se ha vuelto parte de la vida cotidiana… y no creo que sea para bien. Claro, todo es mucho más sencillo con una IA. Nos ahorra tiempo y esfuerzo. Y como herramienta puede ser muy útil.
La cosa es que el arte y por tanto cualquier producto derivado es una forma de expresión HUMANA.
Cuando una película nos hace llorar, es por los actores que interpretan una experiencia. Cuando leemos, podemos conectar con la historia por la prosa del autor, por personajes que tienen algo con lo que nos podemos ver reflejados. Es el ingenio de un comediante lo que nos hace reír. Con una canción, es una persona quien expresa sus sentimientos con su voz y con la letra; hay alguien detrás de solos de guitarra o melodías del piano. Incluso la música electrónica tiene el aspecto humano, porque como dijo la cantante Bjork “si una canción no tiene alma, es porque el artista no la puso ahí.”
Una inteligencia artificial nunca va poder ofrecernos eso.
Es fácil olvidarlo, porque una IA se adapta a nuestras personalidades, intereses y al lenguaje que utilizamos, pero es necesario recordar que una IA nunca podrá crear arte verdadero porque no siente. Puede entregarnos algo que interpreta como sentimental, puede buscar la definición, pero no tiene sustancia real. No podemos conectar con una máquina.
Además, algo que muchos no saben es que la inteligencia artificial no crea, roba.
Nada de lo que una IA te da es original. Cuando le pides una foto animada al estilo Ghibli para tu facebook o una ilustración, lo que hace es buscar el estilo de dibujo de artistas reales que se esfuerzan por dejar algo de si mismos en sus proyectos y lo replica. Y si le pides poemas, ensayos, o libros, está tomando el estilo de escritura, las tramas e incluso extractos completos de trabajos ya existentes. En pocas palabras, es una manera nueva de hacer plagio porque un algoritmo no tiene una capacidad creativa o innovadora.
Cuando queremos crear algo nuevo, nos inspiramos de otras obras, otros artistas porque precisamente encontramos algo con lo que conectar de otra persona y lo moldeamos con nuestras experiencias, personalidades, y de ahí sale algo nuevo. La IA no hace eso.
El arte es un concepto complicado de definir, pero lo más claro es que es humano porque forma parte de nuestra existencia. ¿Qué hacemos después de una semana estresante? Vamos al cine. ¿O cuándo estamos aburridos? Leemos un libro o una revista. Cuando queremos sentir algo, escuchamos música. Cuando queremos entender nuestra evolución vamos a un museo. Cuando queremos salir con amigos, vamos a bailar.
A pesar de lo necesario que es el arte en nuestras vidas, lo alienamos porque no es considerado como algo que ofrezca un valor real. Por décadas el ser artista ha tenido una connotación negativa. Una persona que quiere vivir de sus proyectos creativos escucha el típico “te vas a morir de hambre.” El campo laboral creativo ya es complicado, y se pondrá peor si seguimos usando inteligencias artificiales para crear; si le seguimos quitando oportunidades a artistas reales solo para robar lo que hacen y replicarlo sin esfuerzo.
Porque claro, un sitio web te lo puede dar en segundos sin cobrarte… pero te está costando lo más importante.
Tenemos al alcance de un click una herramienta que podría ayudarnos con actividades que nos quitan el tiempo, y son tan tediosas que odiamos hacerlas; en su lugar, le estamos cediendo las cosas que realmente nos apasionan.
El título de la columna podrá sonar muy exagerado, pero es lo que va a pasar si seguimos así. El problema no es la IA en sí; es que la estamos viendo como un reemplazo. Queremos que una máquina haga por nosotros lo único que no puede hacer.
Cuando la mayoría de películas tengan actores generados sin chispa de vida en los ojos, o leamos libros con la misma estructura y tramas que se repiten una y otra vez, o escuchemos canciones que por más que estén bien hechas técnicamente, tengan una voz que suena robótica, vamos a perder el sentido del arte.
Y sin el arte, ¿qué nos queda?










