Wildwood: una película hecha a mano, pero ¿con las voces correctas?

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Por Alexa Durán.

¿De qué sirve invertir más de diez años en crear una película cuadro por cuadro, construir cientos de escenarios y reunir a más de mil artistas, si al momento de llevarla a otro idioma parece que importa más quién es famoso que quién tiene experiencia interpretando?

Eso es parte de la discusión que ha surgido alrededor de Wildwood: El bosque salvaje, la nueva película de LAIKA Studios, que llegó a los cines mexicanos el pasado 29 de octubre.

Y es que, aunque la cinta ha llamado la atención por su impresionante trabajo de animación, su doblaje latinoamericano ha generado bastante inconformidad entre los espectadores. Pero antes de hablar de la polémica, vale la pena entender por qué esta película representa tanto para su estudio.

Wildwood: El bosque salvaje es una película de fantasía y aventura basada en la novela homónima de Colin Meloy, vocalista de la banda The Decemberists, e ilustrada por Carson Ellis.

La historia sigue a Prue McKeel, una adolescente que emprende un viaje hacia un bosque misterioso después de que una parvada de cuervos secuestra a su hermano pequeño. En compañía de su amigo Curtis, tendrá que adentrarse en un mundo habitado por criaturas fantásticas, animales parlantes y comunidades que esconden sus propios conflictos.

Film Review: Wildwood - SLUG Magazine

Pero lo interesante es quién está detrás de ella.

LAIKA es el estudio responsable de películas como Coraline y la puerta secreta, ParaNorman, Los Boxtrolls, Kubo y la búsqueda del samurái y El eslabón perdido.

Todas tienen algo en común: están realizadas principalmente mediante stop motion, una técnica de animación que consiste en fotografiar objetos físicos, moviéndolos ligeramente entre cada toma para crear la ilusión de movimiento.

Es decir, no estamos hablando de personajes que simplemente se dibujan o modelan en una computadora. Estamos hablando de marionetas, vestuarios, escenarios y miles de fotografías que, juntas, construyen una película.

Y Wildwood es uno de los proyectos más ambiciosos que ha realizado el estudio.

La relación entre LAIKA y esta historia comenzó en 2011, cuando adquirieron los derechos cinematográficos de la novela. Sin embargo, el proyecto tardó años en tomar forma y fue anunciado oficialmente como película en 2021, con Travis Knight, presidente del estudio y director de Kubo y Bumblebee, al frente.

Su desarrollo se extendió durante aproximadamente 16 años, según el propio recorrido que ha descrito su director. La producción implicó la participación de más de mil artistas, 136 escenarios físicos, 231 marionetas y más de 140 mil rostros impresos en 3D para conseguir las distintas expresiones de los personajes.

Una cantidad de trabajo impresionante para una industria que cada vez apuesta más por los procesos digitales y la automatización.

Pero entonces llegamos al tema que ha dividido a los espectadores: el doblaje latino.

Para esta versión se eligió a Macarena García, actriz conocida por producciones como Control Z, para interpretar a Prue, la protagonista. También participan Natalia Téllez como Alexandra y Javier Ibarreche como Brendan, mientras que Emilio Treviño, actor con una amplia trayectoria en doblaje, interpreta a Curtis.

El problema no es que una persona conocida participe en una película animada. El término star talent se utiliza precisamente para hablar de celebridades, actores o creadores de contenido que son convocados para prestar su voz, muchas veces por su popularidad y capacidad de atraer público.

La discusión aparece cuando estas decisiones parecen anteponer el reconocimiento mediático a la experiencia específica que requiere el doblaje.

En redes sociales, buena parte de las críticas se ha concentrado en la interpretación de Macarena García. Personalmente, una de las cosas que más me desconecta es que su voz tiene una entonación que percibo demasiado fresa para el personaje, además de que ciertos diálogos no terminan de sentirse naturales.

Y aunque esto puede ser una cuestión de percepción, también hay una crítica más amplia: ¿por qué recurrir a figuras mediáticas cuando existe una industria de doblaje latinoamericano llena de intérpretes especializados?

La inconformidad incluso llegó a Change.org, donde se publicó una petición dirigida a LAIKA para solicitar un redoblaje con actores profesionales.

Javier Ibarreche, por su parte, respondió a las críticas y reconoció que su popularidad como creador de contenido pudo influir en que consiguiera el papel. También señaló que entiende la resistencia del público cuando se elige a alguien por su notoriedad y no necesariamente por su aptitud para el trabajo.

Y creo que aquí hay una distinción importante: cuestionar una decisión de casting no significa atacar personalmente a quienes participaron. Se trata de exigir que una industria valore y reconozca a las personas que se han preparado durante años para ejercer una profesión.

Ahora bien, ¿significa esto que deberíamos dejar de ver Wildwood?

Yo diría que todo lo contrario.

LAIKA es un estudio que merece atención precisamente porque continúa apostando por una forma de hacer cine que exige una cantidad enorme de trabajo humano.

El estudio fue fundado por Phil Knight, cofundador de Nike, y actualmente está dirigido por su hijo Travis Knight. Sí, podríamos hablar de nepotismo: Travis ha podido desarrollar y mantener proyectos cinematográficos tan costosos gracias, en buena medida, al respaldo económico de una de las familias más ricas del mundo.

Pero esa posición privilegiada también le ha permitido apostar por películas originales y por una técnica que difícilmente ofrece las mismas garantías comerciales que las grandes franquicias de animación.

De hecho, se estima que producir Wildwood costó alrededor de 100 millones de dólares. Aunque LAIKA no ha revelado oficialmente su presupuesto ni sus resultados financieros, sus cifras de taquilla muestran lo complicado que puede ser recuperar una inversión de semejante magnitud.

No necesariamente estamos hablando de un modelo de negocio exitoso, sino de un estudio que puede permitirse seguir creando películas que probablemente no existirían bajo una lógica estrictamente comercial.

En una época en la que hablamos constantemente de inteligencia artificial, automatización y herramientas capaces de generar imágenes en segundos, ver una película construida físicamente, cuadro por cuadro, adquiere otro significado.

Por eso creo que vale la pena darle una oportunidad a Wildwood. Podemos cuestionar su doblaje, exigir mejores decisiones de casting y reconocer el trabajo de los profesionales de la voz sin dejar de valorar lo que ocurre detrás de la pantalla. Porque al final, apoyar una película no significa estar de acuerdo con cada una de sus decisiones.

Y si queremos que sigan existiendo películas hechas con esta dedicación, también tenemos que demostrar que todavía hay público interesado en verlas.

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