Ansiedad: Desde Fobia hasta Kierkegaard

Por Diego Aguilar
Platicando con mis amigos, entre anécdotas de siempre, salió a la conversación una tocada de mi papá.
La pasamos increíble, en un ambiente divertido, con canciones del ayer y del hoy que nos encantan: rock, pop, en inglés y en español.
A raíz de eso me acordé de Hoy tengo miedo de Fobia.
La busqué en Spotify, le di click y la escuché con otra intención: quería poner atención, entender la canción.
Curiosamente, esta canción fue escrita por Paco Huidobro, guitarrista de la banda, y se lanzó como parte de un proyecto de regreso de Fobia en los años 2000.
Desde su origen, habla de ansiedad y miedo de manera muy directa, reflejando cómo estos sentimientos pueden apoderarse de la mente y el cuerpo.
Es como si alguien que convive con la ansiedad todos los días la encarnara en cada paso que da.
Y eso abrió otra puerta en mi cabeza: es curioso cómo la gente intenta calmar la ansiedad.
Unos lo hacen fumando, otros bebiendo, otros cayendo en adicciones.
Algunos se engañan con hábitos que se suponen “hipersaludables”: dietas, ejercicio, trabajo, levantarse temprano.
En ese intento de estirar la liga, de domarla, terminan haciéndose daño a sí mismos.
La ciencia dice que la ansiedad es un mecanismo de defensa: puede ayudarte o puede acabar contigo.
Y quizás esa sea la contradicción: es una reacción natural del cuerpo intentando protegerte, pero puede volverse una jaula si no sabes escucharla.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) define el trastorno de ansiedad generalizada (TAG) como una preocupación o ansiedad excesiva y persistente que resulta difícil de controlar, presente durante al menos seis meses y relacionada con diversos eventos o actividades.
Para ser diagnosticado, esa ansiedad debe venir acompañada de tres o más de los siguientes síntomas: inquietud o sensación de estar al límite, fatiga fácil, dificultad para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular o problemas de sueño. Además, esa preocupación debe interferir de manera significativa con la vida cotidiana del individuo.
(American Psychiatric Association, DSM-5, 2013.)
Más allá de la clínica, esa descripción se parece bastante a lo que muchos sentimos a diario: un nudo invisible que aprieta sin aviso, un ruido constante que no se apaga.
Es curioso cómo la ansiedad convive con nosotros.
Es curioso cómo somos una sociedad cansada, como dice el filósofo surcoreano-alemán Byung-Chul Han.
En su obra La sociedad del cansancio, Han describe cómo hemos pasado de una sociedad disciplinaria, donde el control venía de fuera, a una sociedad de rendimiento, donde la autoexplotación es la norma.
Pero hay otra mirada, más introspectiva: Søren Kierkegaard percibía la ansiedad como el modo en que el ser humano lidia con su propio fracaso.
Y eso me hace pensar: , el miedo a nosotros mismos y al fracaso es increíble y fascinante.
Es como gasolina pura, como rayos de luz ultravioleta del sol que nos dañan y, al mismo tiempo, nos dan energía vital.
La ansiedad se convierte en fuerza, en motor y en sombra a la vez.
La ansiedad como concepto es complejo : cómo se manifiesta, cómo convive con nosotros, cómo la filosofía la trata desde Kierkegaard hasta Byung-Chul Han.
Solo sé que somos gente con ansiedad.
Yo tengo ansiedad, tú tienes ansiedades, todas tenemos ansiedades.
El tema es no dejarnos arrastrar por ellas, no permitir que nos jueguen malas pasadas en la mente.
La ansiedad nos habita, nos moldea, nos recuerda que estamos vivos.
Y en ella, paradójicamente, encontramos la energía para seguir buscando, para seguir siendo.
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