Asean el fresco del “Juicio Final” en la Capilla Sixtina para la Semana Santa

La obra de Miguel Ángel estaba siendo opacada por una capa de lactato de calcio creada por la respiración de sus millones de visitantes en este espacio poco ventilado
EFE.- Después de más de 30 años de su última restauración, la imagen del poderoso Jesucristo que juzga desde su epicentro a vivos y muertos, junto con los santos y ángeles que le acompañan, estaba siendo opacada por una capa blanquecina. Esta es la razón por la que el fresco del “Juicio Final” en la Capilla Sixtina está siendo limpiado.
Actualmente, una lona con una reproducción de la obra que Miguel Ángel pintó entre 1536 y 1541, cubre al andamio donde los restauradores se ponen cada día ante las figuras y limpian la capa que les ha ido quitando brillo y contraste a las figuras.
La operación se hizo necesaria porque, “aunque el fresco está en muy buen estado, necesitábamos retirar esta capa de sal. Es una operación facilísima”, explicó este sábado 28 de febrero la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta.
El público sigue entrando a la Capilla Sixtina, la estancia donde se celebran los cónclaves que eligen a los papas, pero el “Juicio Final”, que se ubica en el muro detrás del altar mayor y representa la Segunda Venida de Cristo y el juicio final de las almas, sólo se puede ver en la lona que lo cubre.
Dentro de esta estructura, a lo largo de cinco semanas, hasta la Pascua, unos 30 restauradores limpian la pintura, tres décadas después de una controvertida restauración en 1994 que rescató sus vivos colores pero que dividió a los historiadores.
Bajo una capa de sal
Para hacer la limpieza, lo primero ha sido anclar el andamio, nada fácil ya que la capilla es un tesoro de la historia del arte, para después documentar fotográficamente el estado de la obra.
Después llegó el momento de limpiar esa capa que está formada por lactato de calcio, un tipo de sal que ha ido creándose por la respiración de sus millones de visitantes en este espacio poco ventilado.
“Esta capa no ha dañado la pintura, y la sal formada estaba en la superficie y se retira fácilmente. Pero había eclipsado los saltos cromáticos del ‘Juicio Final'”, afirma el responsable de Investigaciones Científicas de los Museos Vaticanos, Fabio Morresi.

Para limpiar el fresco los expertos del Vaticano recorren toda su enorme superficie aplicando agua desionizada con pinceles sobre una doble capa de papel japonés, que suele usarse para proteger los pigmentos. Y, poco a poco, la imagen del poderoso Jesucristo que juzga desde su epicentro a vivos y muertos va renaciendo.
“Es como cuando te sacudes de la piel la sal del mar en la playa”, resume Jatta.
La tarea sigue en curso y, por eso, esta pátina es aún visible en algunas de las figuras del “Juicio”, aunque no impacta sobre la pintura. De hecho, si se acaricia una parte sucia y otra limpia, la textura es idéntica, como han podido comprobar un grupo de medios, entre ellos EFE, en una visita a estos trabajos organizada por el Vaticano.
Un ‘Catequismo’ artístico
La Capilla Sixtina es un receptáculo consagrado al arte en el que, allá donde uno mire, encontrará un tesoro. En sus paredes, maestros como Botticelli o Ghirlandaio pintaron escenas de la vida de Jesús y de Moisés, mientras que Miguel Ángel fue llamado en 1508 por el papa Julio II para recrear en su bóveda el Génesis, el origen del mundo.
Pero este no sería su único trabajo en este lugar sino que casi tres décadas después, Miguel Ángel, con 61 años y fama de “divino”, fue contratado por otro pontífice, Pablo III, para que —esta vez?? recreara el término de la vida en el mundo: el “Juicio Final”.
Tardó cinco años en completarlo, de 1536 a 1541, y el resultado fue estremecedor. Tanto, que se dice que, al descubrir el fresco, el propio papa cayó de rodillas para implorar el perdón divino ante la severidad de las escenas que el pintor había evocado.
En el centro, sobre un mundo con un cielo límpido y azul, Cristo es captado a punto de dictar sentencia, alzando el brazo derecho como queriendo calmar los ánimos del tumulto de almas que le rodea.
A su lado, decenas de santos, beatas y píos esperan tranquilos su veredicto. Están San Pedro con las llaves o un san Bartolomé con su propia piel desollada en el que los expertos creen ver un autorretrato del artista.
En la parte de abajo, las trombas de los ángeles despiertan a los muertos para someterles al juicio. Algunos son llevados al cielo; otros desgraciados son arrastrados por demonios al infierno.










