Carta abierta a Eric DeCosta, Steve Bisciotti y John Harbaugh

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Por Diego Aguilar

Los Cuervos de Baltimore están 1-4. Este es el peor arranque en años para la escuadra púrpura.
¿Y saben qué? Hay un culpable, y hay que señalarlo: John Harbaugh.

Harbaugh lleva 18 años al mando de este equipo. Y sí, hace 13 ganó un anillo.

¿Pero realmente lo ganó él?

Ese campeonato se construyó dependiendo de Joe Flacco, en la mejor actuación de un jugador de Baltimore en la historia de los playoffs —sí, la de Joe Flacco.
Con Ray Lewis como el alma y corazón de esa defensa, y un Ed Reed buscando cerrar su carrera con el anillo que le faltaba.

John Harbaugh siempre ha sido reconocido por su capacidad para construir cultura.
Y estos 18 años en Baltimore lo prueban: los Ravens son una de las tres franquicias que nunca ha tenido un pick número uno global, y han sido un modelo de consistencia, identidad y draft inteligente.
Pero hoy esa cultura se está desmoronando.

Y Harbaugh es el responsable.

El ejemplo más claro de su mal coaching lo vimos esta misma semana, en el Thursday Night Football de la Semana 5.
San Francisco, con igual o incluso más lesionados clave —All-Pros y Pro Bowlers incluidos—, le jugó al tú por tú a unos Rams contendientes de la NFC, y les ganó.
¿Por qué? Porque son un equipo bien entrenado, bien ejecutado, y cuyo entrenador nunca pierde la batalla táctica.

John Harbaugh, en cambio, siempre la pierde.

El dato más alarmante de este colapso estructural está en la defensa.
Desde el año 2000 hasta 2024, en un lapso de 24 temporadas, Baltimore fue top 2 de toda la NFL en puntos permitidos por juego y yardas concedidas por partido.
Este 2025, esa misma defensa está rankeada número 32 en ambas categorías.
El fondo del abismo.

Y mientras tanto, Lamar Jackson maquilla un desastre.
Cubre una línea ofensiva deplorable y, aun así, desde 2019 los Ravens promedian casi 30 puntos por partido.
Sin él, la ofensiva no camina.

Recuerdo, ya hace algunos años , una temporada donde el equipo aun sin Lamar competían y se dejaban el cuerpo en cada snap.

¿Hoy?, Hoy eso parece imposible ya que al parecer no creen ni en el equipo, entrenador o en si mismos.

Así como a Lamar Jackson no le diste una línea ofensiva decente —ni armas aéreas reales hasta su quinto o sexto año—,
Hoy les pregunto , Steve Bisciotti, Eric DeCosta y John Harbaugh:
¿Cuánto tiempo más van a dejar que un mariscal generacional y su talento espléndido se desperdicien?

Bisciotti, tú que eres el dueño, tienes que empezar a tomar decisiones.
Eric DeCosta, todo el mundo —me incluyo— te reconoce como uno de los mejores general managers de este deporte,
pero ¿sabes qué? Tu complicidad con Harbaugh tiene que acabar.
No puede seguir siendo el protegido eterno de esta institución.

Y a Harbaugh y Zach Orr, su ciclo se acabó.
John, siempre te voy a agradecer lo feliz que me hiciste aquella noche del Super Bowl XLVII contra los San Francisco 49ers.
Y Zach, fuiste uno de los undrafted players con más garra en una defensa en años recientes.
Pero siempre pareces quedarte corto en la disputa de pizarrón.

Otro ejemplo del mal manejo está en el costado defensivo.
En 2023, Mike Macdonald fue el coordinador defensivo y Baltimore logró la triple corona defensiva: liderar la NFL en puntos permitidos, sacks y entregas de balón.
La primera vez en la historia que una defensa lo consigue.
Era el cambio generacional natural, pero John Harbaugh se quedó…
y Mike Macdonald partió a Seattle como head coach.

¿El resultado?

Seattle es de las mejores defensivas de la liga con un roster menos talantoso y completo que muchos equipos.

La defensa actual de los Ravens está en ritmo para convertirse en la primera en la historia en permitir 600 puntos en una temporada.

Un descenso histórico.

Y un último dato, quizá el más demoledor de todos:
la defensa de los Ravens campeones del año 2000 permitió 165 puntos en toda la temporada.
La defensa de 2025 lleva 177… y apenas vamos en la semana cinco.

Si Harbaugh no logra revertir esto —o si no es despedido— será recordado como el entrenador que desperdició al talento más atípico, más salvaje y más especial que ha pisado un campo de fútbol americano:

Lamar Demeatrice Jackson.

Lo de Harbaugh es cultural. Es estructural.
El play-calling es terrible, el equipo está mal entrenado y se dispara en el pie constantemente.
Desde 1991, ningún head coach ha perdido tantos partidos tras entrar al último cuarto con ventaja de 10 puntos o más.

Usando una expresión propia del soccer… “Es un pecho frio”

Más allá del Super Bowl —que hoy luce imposible—, incluso los playoffs parecen un espejismo.
Sí, la segunda mitad del calendario es más sencilla, pero entre lesiones, confusión táctica y una pérdida total de identidad.

Los Ravens están en crisis.

En esta temporada, el diagnóstico es claro: un roster demasiado talentoso para ser desperdiciado de esta manera.
La ventana del Super Bowl ya no solo se está cerrando… prácticamente se ha cerrado.
Era ganar en 2023 o 2024. Y no se logró.

“Play Like a Raven” ya no significa nada.
Esta organización atraviesa una desestabilización tan grande que amenaza con borrar todo lo que alguna vez representó ser un Cuervo.

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