Cuando el “caos controlado” se convierte en una canción

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Por Diego Aguilar

Corría el año 2007.
Diez años habían pasado desde la separación oficial y desde aquella famosa gira del último concierto.

Gustavo Cerati regresaba junto a Charly Alberti y Zeta Bosio para darnos una última gran exhibición.

Hoy les voy a hablar de una canción que, en vivo, es una verdadera locura.
Así es: les hablo de “Fue”.

Esta canción fue lanzada originalmente en Sueño Stereo, el último álbum de estudio de Soda, publicado en 1995.
Es la segunda pista del disco y uno de sus sencillos más importantes, junto con Ella usó mi cabeza como un revólver y Zoom.

Ese disco marcó el cierre de una era.
Cerati ya exploraba una sonoridad introspectiva.
La relación con la banda estaba rota, pero su creatividad seguía intacta.
Había influencias del britpop, del trip hop, de la electrónica.

La producción era exquisita: capas de guitarras procesadas, loops, texturas digitales.
Un último experimento antes del silencio.

“Fue” abre prácticamente el disco y funciona como una declaración de ruptura.
Es una canción sobre el final, narrada con calma, con lucidez, con una belleza inquietante.

Y hay una línea que lo resume todo:
He llegado hasta el fin con los brazos cansados.

Simboliza el estado de la banda.
Llegaron exhaustos, rotos, pero con la necesidad de ese último vuelo.
Con ganas de cerrar el ciclo, aunque doliera.

Musicalmente, es una mezcla de bajos contenidos y baterías precisas.
Un equilibrio entre el control y el desborde.
Entre la herida y la elegancia.

Pero lo que quiero contarles es lo que pasa diez años después.
Durante la gira Me Verás Volver.

Ahí, Fue ya no suena como una despedida.
Suena como una reconciliación.

El contexto lo cambia todo.
La ruptura, el reencuentro, la madurez.
Cada acorde pesa más.
Cada silencio duele distinto.

La tocan con otra energía.
Menos dolida.
Más sabia.
Más espiritual.

Se convierte en un ciclo que cierra y abre al mismo tiempo.
El título lo dice todo: Fue.
Como si también dijera Volvimos.

En Buenos Aires, en el Monumental de River Plate, la interpretación es memorable.
Cerati juega con los silencios como si fueran notas.
El público respira con él.

Y ese cierre…
La trompeta.
Los solos de guitarra.
Los loops.

Todo colapsa y se ordena al mismo tiempo.

Un caos perfectamente bien controlado.

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