El renacimiento analógico: ¿por qué regresaron los vinilos?

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Por Alexa Durán.

Vivimos en una era dominada por el streaming y a pesar de eso, la venta de discos físicos está subiendo como nunca.

Puede sonar inútil tener un vinilo o CD cuando tenemos toda la música que podríamos querer al alcance de un dedo. Yo solía pensar igual. Mi primer acercamiento al coleccionismo fue gracias a mi hermano, quien me regaló su tocadiscos antes de mudarse, y desde ahí ya no hubo vuelta atrás. Sin darme cuenta, esa experiencia cambió mi relación con la música.

Entonces surge la pregunta: ¿qué estamos buscando cuando elegimos volver a lo analógico?

Lo cierto es que el vinilo nunca quedó obsoleto. Incluso con la llegada de nuevas tecnologías, se ha mantenido vigente. Simplemente se volvió de nicho, más común entre melómanos y generaciones acostumbradas a crecer con ediciones físicas.

Parte de esta vigencia viene de la nostalgia: tanto de quienes crecieron escuchando este formato, como de generaciones más jóvenes que, sin haber vivido esa época, le hemos tomado cariño.

El streaming definitivamente cambió la manera de escuchar música, pero difícilmente se compara con el arte de poner un disco. Hay algo especial en el ritual: sacar la edición, esperar encontrar un póster dentro, leer los créditos, voltear el lado A o B. Incluso entrar a una tienda de discos —llena de personas que aman la música lo suficiente como para comprar algo que podrían obtener “gratis”— es una experiencia en sí misma.

Además, este formato te obliga a escuchar, no solo a oír. Con la facilidad de hoy de darle skip a una canción, hemos perdido la costumbre de escuchar un álbum de principio a fin. Sin darnos cuenta, nos saltamos joyas que fácilmente podrían convertirse en nuestra próxima canción favorita. 

Hoy en día, todo es intangible. Con el streaming podemos reproducir música, pero no es realmente nuestra. Playlists curadas, archivos digitales: todo podría perderse con solo olvidar una contraseña. Incluso basta con que un servidor falle para quedarte un día entero sin música. En ese sentido, comprar música en físico también se vuelve un acto de identidad; elegir la intención sobre el consumo automático.

Y sí, parte de este resurgimiento también tiene que ver con la moda. Existe una estética retro que idealiza épocas que muchos ni siquiera vivimos. Pero no creo que eso sea algo negativo: si alguien llega a este tipo de consumo por la imagen y se queda por la experiencia, la música ya cumplió su función. Además, esa curiosidad mantiene vivo un legado que de otra forma podría perderse.

Tal vez los formatos físicos no regresaron para destronar los avances digitales, pero tampoco parecen irse pronto.

Y con lo frágil que puede ser lo digital, a mi me parece perfecto. 

 

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