El Show debe continuar…

Por Diego Aguilar
Corría el año 1991. Farrukh Bulsara, mundialmente conocido como Freddie Mercury, estaba enfermo.
El VIH lo tenía en un cansancio constante; años de drogas y un estado mental frágil habían dejado su huella.
En ese estado llegó Innuendo, el último gran disco de Queen.
Con una voz casi apagada, Freddie grabó The Show Must Go On en una sola toma, con un vino en mano, diciendo: “I’ll fucking do it, darling.” No era arrogancia: era serenidad frente a lo inevitable. John Deacon, Brian May y todos sus allegados lo sabían.
Freddie iba a dar un acto de belleza ante la antesala del final de su vida.
Ahí entra la frase central: El show debe continuar, no como consigna del espectáculo, sino como rendición ante la vida misma.
Este gesto me hizo pensar en otro hito de la cultura pop: Aquella escena de Harry Potter: Las Reliquias de la Muerte – Parte 2, cuando Harry camina hacia el bosque, sin varita, sin escudo, sabiendo que va a morir, y aun así lo hace con calma.
Posteriormente, cuando Voldemort lanza su hechizo – Avada Kedavra – el hechizo mortal, tiene un instante de conversación profunda con Dumbledore, suspendido entre la vida y lo que pensamos que es el final de esta.
Ambos, Freddie y Harry, enfrentan el final sin dramatismo, con la cabeza en alto, con elegancia. J.K. Rowling dice que la muerte es la última gran aventura.
Y Epicuro, en su filosofía, nos recuerda que no hay por qué temerla: mientras existimos, la muerte no está presente, y cuando llega, nosotros ya no existimos.
Por eso, vivir plenamente, sin miedo, disfrutando cada momento, es la única forma de reconciliarnos con nuestro fin.
La vida y la muerte no son enemigas, sino dos caras del mismo ciclo, y comprender esto nos permite recibirla como quien recibe a una vieja amiga, con calma y serenidad.
El “otro lado” es un tabú hoy en día.
Nadie nos enseña cómo nos tenemos que sentir.
Estoy seguro de que más de uno que está leyendo este texto no supo qué decir, qué sentir o cómo actuar en su primer funeral.
Es hasta cierto punto irónico, porque convivimos con ella todo el tiempo: está ahí, silenciosa, cerca nuestro, y aun así no sabemos cómo enfrentarla ni cómo convivir con su presencia.
Quizá por eso canciones como The Show Must Go On o historias como Harry Potter nos duelen tanto: porque nos enseñan a mirarla sin miedo, a aceptarla sin rendirnos.
Hay quienes huyen de su final y hay quienes lo invitan a bailar. Freddie cantó cuando ya no tenía voz. Harry caminó sin miedo, porque entendió que el amor y la memoria de los otros es lo que nos hace trascender.
El telón cae, el escenario queda vacío, y Freddie cantaba: “My makeup may be flaking, but my smile still stays on.” A la misma vez, Harry miraba a los ojos a Voldemort y se dejaba impactar por el conjuro del mago.
Y los dos regresaron, de cierta u otra forma: Harry volvió a la vida tras su conversación con Dumbledore para enfrentar a Voldemort y los mortífagos; Freddie, en cambio, vive eternamente en nuestros corazones, junto a Queen, para millones de fanáticos esparcidos por todo el mundo, lo recuerdan en su arte y genialidad.
Y, como diría Anthony Bourdain, otro de mis héroes de la cultura pop: “Tu cuerpo no es un templo, es un parque de diversiones; súbete al carrusel y disfruta el camino.”
El show, como la vida, debe continuar, aunque solo sea el eco que dejamos.
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