La Ética de la Indiferencia

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Diego Aguilar

Me sorprende que, en la era de los tweets masivos y la información globalizada, aún la gran mayoría de nosotros prefiera mirar para otro lado o llenarse de apatía.

Y yo planteo lo siguiente:
¿Es ético no involucrarse en decisiones o conversaciones que impactan tu entorno, a nivel macro o micro?

No es difícil entender por qué muchos responderían “sí”.

Vivimos en un ruido constante: medios, redes, polarización. El odio y la negatividad se repiten hasta la saciedad.

En ese contexto, la indiferencia puede ser una defensa consciente. Frente al exceso de información, la manipulación o la saturación de opiniones, retirarse no siempre es flojera; a veces es prudencia.

Michel de Montaigne ya hablaba, hace siglos, de la prudencia como forma de ética cotidiana.

Pero la indiferencia también tiene riesgos. Dejas espacio a voces que no tienen tesis, ni fundamento, ni responsabilidad. Solo ruido repetido hasta volverse la única opinión.

¿El silencio es una voz? Sí, lo es.

¿Personalmente comparto esta postura? No.
Para mí, la indiferencia mata.
Si no expresas tu postura sobre asuntos que afectan a tu comunidad, alguien más lo hará por ti. Y esa voz no necesariamente te representa. Al tomarla, tu libertad se pierde.

Por eso los invito a formarse, a leer, a defender su postura sin violencia y a estar abiertos a ser refutados.

No pierdan el interés. Si lo hacen, nos perdemos todos.

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