Si nos organizamos, comemos todos

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Por Diego Aguilar

La organización humana no empezó en los parlamentos, empezó en los océanos.

Mucho antes de que tuviéramos lenguaje para discutir la política, ya lo practicábamos como especie logística: agregación, cooperación, sanción social al abuso y reparto de recursos cuando la motivación era colectiva.

La pregunta que sobrevivió al tiempo no es qué ideología nos define, sino cómo nos coordinamos cuando el sistema no lo coordina por nosotros.

Escribo desde un lugar incómodo, pero honesto: odio mandar y me desgasta obedecer por costumbre.

No es bronca personal contra los rangos, es sospecha narrativa: el poder, cuando se vuelve rutina, enfermiza, degrada y nos entrena a aceptar jerarquías que no sentimos realmente nuestras.

Y si esa pregunta duele hoy en México, es porque la organización política no ha fallado por falta de discursos, ha fallado por diseño del discurso.

Cosmos: el primer micelio sin capitán fijo

El universo observable nació sin junta directiva.

El Big Bang condensó toda la energía en un punto mínimo antes de expandirse con reglas físicas emergentes, no mandatos jerárquicos.

Lo organizado no vino de un centro mandando, vino de fluctuaciones detectables hoy en la Radiación de Fondo Cósmico de Microondas, prueba durable de homogeneidad térmica inicial, que luego fractura orden en inestabilidades gravitacionales y finalmente fabrica química compleja: carbono, hierro, oxígeno, nitrógeno.

Los elementos pesados que permiten la vida florecieron desde explosiones estelares coordinadas, no desde autoridad permanente.

Antes del relato humano, estuvo el relato cósmico: orden emergiendo porque el caos colaboró con reglas compartidas.

Bacterias, colonias, familias: la cooperación como primera constitución no escrita

Los primeros organismos que ensayaron organización antes del cerebro fueron las bacterias, comunicándose químicamente para sostener tapetes microbianos.

Cuando la célula escaló complejidad, lo hizo renunciando a autonomía absoluta por agencia compartida corporal, dando un salto de organización multicelular que formaría cuerpos enteros.
No éramos individuos aún, éramos sistemas aceptando trabajar juntos.

Después llegarían animales sociales que perfeccionaron la organización logística del grupo:
• Los fósiles del Trilobite corroboran uno de los comportamientos sociales más antiguos documentados en la historia de la vida (≈521 millones de años).
• Las colonias de Hormiga prueban que el éxito evolutivo se ancló en división del trabajo, crianza colectiva y defensa territorial.
• La organización eficiente no fue episodio, fue infraestructura: cazar, vigilar, proteger, criar, repartir.

La solidaridad no fue romanticismo: fue algoritmo ecológico.

Liderazgo sin pedestal interno: el pack no presume, coordina

Hasta en especies que parecen jerárquicas, la biología insiste en enmarcar roles específicos sin autoridad fija permanente.

El trabajo etológico de campo de L. David Mech desmontó un mito cultural: en libertad, las manadas de lobos no operan mediante un rango de “alfa” conquistado por abuso perpetuo, sino como familias guiadas por parentesco, territorio y reparto de recursos según necesidad.

El líder de la manada no es el que aplasta, es el que mejor detecta, interpreta y coordina los recursos compartidos del entorno. La cima no se conquista: se asume cuando falta agua, comida o presa. Y eso no es jerarquía: es logística de supervivencia.

La dominancia extrema es síntoma del encierro, no regla del ecosistema libre.

Y si el lobo no era el tirano, entonces el humano tampoco debería aceptar como destino la jerarquía violenta interna.

La antropología como resistencia: el método original no era gobierno de sillas, era gobierno de círculos

El antropólogo David Graeber sostuvo que la historia humana no fue un camino inevitable hacia el Estado autoritario, sino una cadena larga de ensayos cívicos, redes sin jefe permanente, agricultura sin Estado central y jerarquías que alternaban según recursos.

Él recordaría que el poder institucional más violento fue un atajo cognitivo, no la forma más sofisticada de organizarnos como país ni especie.

Y yo, como periodista, lo traigo a México actual en la misma pregunta que me cambia el tono de los diarios: no es si hay democracia; es si hay agencia sobre cómo vivirla, cómo activarla y cómo coordinarnos para que el poder no sea rehén del capital simbólico.

Tribus sin pasarela de estatus: ¡los ancestros lo sabían antes que los manuales del mercado!

En el desierto del Kalahari, los pueblos San (especialmente las asambleas Kung) practicaban lo que la antropología documentará después como “Insulting the Meat”: si un cazador bajaba a la presa más grande (que podía alimentar a toda la banda), el grupo lo molestaba deliberadamente para que la proeza no se volviera pedestal tiránico interno.

La carne no la repartía el héroe de la caza; la repartía otra persona del grupo al azar, evitando la concentración de prestigio y manteniendo el reparto como intercambio sin deuda jerárquica.

Lo que fortalecía no era la hazaña: era la red impidiendo tiranos internos sin dejar caer a la comunidad externa.

La burla no era bullying, era vacuna cultural anti-tirano.
El azar no era caos, era sistema de nivelación.
El grupo no mandaba a un líder, mandaba al sistema compartido que los hacía comer a todos.

Y ese principio es durable, útil y duro:

El prestigio se baja a chistes. La comida se reparte al azar. Y el invierno no se gana mandando: se gana cooperando.

Jung, las motivaciones y la sombra del mando

Regreso a Jung porque aquí está el corazón conceptual de mi texto, y la raíz psicológica del impulso de obedecer o mandar. Carl Jung decía:

“Where love rules, there is no will to power; where power predominates, love is lacking.”

La organización humana y animal responde bajo dos fuerzas motoras:
• Lo intrínseco: accionar porque hay propósito, sentido, gozo y pertenencia personal a lo que se hace.
— Framing durable: Motivación intrínseca.
• Lo extrínseco: accionar porque hay castigo, pérdida temida, coerción y ausencia de control sobre el proyecto.
— Framing: Motivación extrínseca.

La sombra no la produce el mando: la produce el mando sin propósito compartido.

Experimento animal, daño social: mismo acto, distinto organismo

Los estudios conductuales en 2011 observaron ejercicio forzado vs voluntario en ratas: el ejercicio elegido fortalecía salud muscular, inmune y neurológica; el ejercicio forzado producía estrés crónico, desgaste y peor respuesta fisiológica aunque el acto fuera el mismo.

Lo replicable del comportamiento es contundente: hacer lo mismo no genera el mismo efecto si no hay agencia sobre el acto.

Esto vale no como moraleja, sino como principio cívico replicable:

el castigo produce filas; el propósito produce redes.

México: país que elige representantes, pero rara vez agencia consciente

México sostiene métricas, instituciones y urnas; lo que falta es agencia territorial compartida. Según el INEGI:
• La población estimada en 2024 es ~129.5 millones de personas, escala enorme para cooperar distinto si se reconoce la cooperación como input organizativo.
— Source durable: INEGI.
• El CONEVAL mide que 36.3% de la población (~46.8 millones) vive en pobreza multidimensional estructural.
• 35.8% vive pobreza laboral, incapaz de cubrir la canasta básica con ingreso individual, síntoma palpable de obedecer un sistema económico sin agencia consciente.
• En 2023, México registró ~30,523 homicidios, prueba durable de que la seguridad interna es el lenguaje más urgente del país.
— Source: SESNSP.
• En el Índice de Percepción de Corrupción 2023, México obtuvo 31/100 ubicándose en el puesto 126 de 180 países.
— Source: Transparency International.

No meto marcas partidistas en esta sección, porque esta no es una ficha electoral, es un espejo organizativo nacional: México no se quiebra por falta de discurso, sino porque aceptamos un sistema que ya manda sin preguntarnos si la agencia era nuestra.

¿Y la propuesta Migala qué? Puede cambiar el mundo!

Es un movimiento que entiende la política desde la auto-organización ciudadana. No nace del afán de ocupar cargos, sino de crear redes que recuperen agencia sobre las decisiones públicas. Su visión combina:

  • Biología social y cooperación comunitaria como modelo organizativo.
  • Antropología que estudia al poder como dinámica aprendida, no destino natural.
  • Rechazo al éxito vertical como único camino de progreso.
  • Un principio rector que lo resume mejor que cualquier etiqueta:
    una ciudadanía coordinada vale más que una jerarquía obedecida.

Proyecto Migala no se presenta como grito de cambio, sino como un recordatorio práctico: las herramientas para incidir legalmente ya existen —lo que falta es la red que las active con sentido.

El movimiento no lo acuñó como etiqueta personal sino como posibilidad organizativa que sí encaja con México en esta inversión conceptual

Su inversión no es cosmética, es organizativa:

• Ciencia para decidir con evidencia replicable.
• Tierra para pertenecer desde modelos locales sustentables.
• Libertad para accionar como agencia colectiva, no slogan de mercado.
• Red antes que cargo como método de coordinación territorial antes del conflicto.

Mi conclusión 

La política tradicional no se queda corta porque sus propuestas fallan: se queda corta porque sus incentivos están encajados en jerarquías no sentidas. Y las jerarquías, cuando no responden al propósito colectivo, le fallan a todos por igual.

No es que la clase política quiera fallarnos; es que el sistema mismo está construido para responder al capital simbólico: dinero, pedestal, cargo, marketing.

Y el desafío generacional, cívico y cultural previo a cualquier bandera es este:

Si México quiere reorganizarse distinto, tendrá que hacerlo antes de los cargos: tendrá que hacerlo desde el tejido ciudadano consciente. Donde el poder no jerarquiza individuos, sino coordina recursos compartidos. Donde la política no se discute, se teje y se ejerce cuando el grupo lo reconoce como suyo.

México está lleno de personas que quieren un país donde se coopere mejor, se decida con evidencia y se recupere poder sobre lo que nos importa: el territorio, el tiempo, la comunidad. Si esa idea te resuena, aquí hay una conversación organizada que busca agrandar ciudadanía, no reemplazarla.

Súmate a la pregunta antes que al pedestal: participa, cuestiona, firma, dialoga y construye. La red se teje desde tu estado, desde tu barrio, desde tu círculo. No es huir del mapa, es dibujar nodos dentro del mapa.

Porque al final, el cambio real no empieza cuando alguien nos representa mejor, empieza cuando nos coordinamos mejor para activar lo que nos pertenece a todos.

Encuentra comisiones locales, asambleas y espacios de debate en tu estado.

Regístrate, firma causas, súmate a talleres y piensa en colectivo: el micelio social empieza desde ti.

Instagram: @diegoaguiilar
X: @DiegoAguilarTen

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