Sí, sí, probando… 1,2, 3… TREINTA Y CUATRO

0
182

Por Jesús Aguilar

X @jesusaguilarslp

Hay aniversarios que se cuentan y otros que se sienten.
Hoy cumplo 34 años al aire de manera formal. No es una cifra menor ni un gesto automático de celebración: es una línea continua de vida, una vocación sostenida, un diálogo permanente con generaciones enteras que han crecido, envejecido, amado, sufrido y celebrado acompañadas por la radio.

Un 13 de enero de 1992 comenzó CD MUSIC, mi primer programa formal.

6 de la tarde de un lunes 13 de enero, hace 34 años.

Tenía nombre, horario y una convicción clara, aunque entonces no supiera ponerla en palabras, hoy siento su vigencia:  comunicar no es hablar, es acompañar.

La radio no fue un experimento ni un capricho juvenil. Fue una forma natural de estar en el mundo, algo que aprendí desde niño, como se aprende a respirar o a comer, viendo a mi padre ejercer el oficio con respeto, disciplina y pasión. Desde ahí entendí que hablarle a quien no ves exige honestidad absoluta y una enorme responsabilidad ética.

Treinta y cuatro años después, sigo creyendo lo mismo.

La radio —y hoy todos los medios que la tecnología nos permite habitar— me ha regalado un privilegio extraordinario: convocar. Convocar a personas de más de cuatro generaciones, unirlas en un mismo instante alrededor de una canción, una noticia, una reflexión o una pregunta incómoda.

Pocas cosas son tan poderosas como saber que, en distintos puntos del día y de la ciudad, alguien detiene un momento su vida para escuchar y sentirse acompañado.

En aquellos primeros años noventa, el mundo también buscaba redefinirse. Caían viejas certezas, nacían nuevos lenguajes, emergía una generación que necesitaba decir quién era sin pedir permiso. La música fue el gran espejo. “Come as you are” no era solo un verso de Nirvana: era una declaración de principios. November Rain  de Guns N´Roses nos recordaba que incluso lo épico es vulnerable. Even Flow de Pearl Jam hablaba del vértigo de existir en un sistema que no siempre contiene.

R.E.M. cantaba But I’ve said too much, I haven’t said enough” y, sin saberlo, nos entrenaba para convivir con esta sensación de que ni todo está dicho, ni he empezado a hacerlo, U2 proponía One como una súplica de unidad en un mundo fracturado y también anticipaba que mis compañeros de aquel primer equipo soñado y los que he ido acumulando hasta ahora seríamos siempre familia: One life, with each other

Sisters, brothers. Soda Stereo anunciaba en Primavera 0, la posibilidad de renacer aun después del invierno. Caifanes nos decía, con una ternura casi política, “nos vamos juntos, haciendo viejos, y sin embargo aquí estoy, y sin embargo no me voy. Cuca y Rage Against the Machine recordaban que el dolor, la rabia y la inconformidad también merecían micrófono.

La radio siempre ha sido eso: una casa para todas las emociones. El espejo interno para todos.

Hoy, 34 años después, el mundo vuelve a mirarse en ése espejo pero aún más convulso. Cambiaron las plataformas, los ritmos, los formatos y las urgencias. Cambió la tecnología, no el fondo. Seguimos necesitando entender lo que pasa, nombrar lo que duele, celebrar lo que importa. El micrófono ya no es solo un aparato: es una red, una cámara, un texto, una conversación abierta y múltiple. Pero el latido es el mismo: comunicar con sentido.

Agradezco profundamente a quienes me han acompañado en este trayecto. No haré una lista interminable de nombres —aunque los tengo presentes— porque cada encuentro, cada complicidad profesional, cada proyecto compartido está inscrito en esta historia. Agradezco, antes que nada, a la vida por permitirme seguir aquí, con la curiosidad intacta y el deseo de aprender todos los días.

A mis equipos y jefes por confiar en mi durante tanto tiempo a pesar de tantas cosas que al final nos terminan dando las lecciones correctas para persistir.

A mis padres, por el ejemplo y el amor.
A mis hijos, por recordarme constantemente para qué sirve la palabra y el ejemplo.

Y a Jimena. Porque esta historia también sabe cerrar círculos con belleza: ella me escuchaba en los años noventa, cuando alguien —un novio de entonces, hoy amigo entrañable de ambos— le grababa cassettes con las canciones que yo ponía en el mítico 96.9 de San Luis Potosí.

La radio, como la vida, siempre supo más que nosotros.

Hoy no celebro solo seguir al aire. Celebro seguir sintiendo. Seguir creyendo que comunicar es un acto de gozo, de responsabilidad y de compromiso con el tiempo que nos toca vivir. Celebro que la música siga siendo un idioma común y que, mientras haya alguien del otro lado, valga la pena encender el micrófono y decir: aquí estamos, acompañándonos.

Gracias por estos 34 años.
Vamos por los que siguen

Compartir en:

Leave a reply