Still Standing
Por Diego Aguilar
Como se podrán dar cuenta, soy muy romántico de las historias donde los derrotados y la resiliencia terminan siendo lo mismo y vencen.
Hoy les vengo a contar dos historias que no se cruzan, pero se reflejan. Dos trayectorias separadas por escenarios distintos —uno con luces y pianos, otro con cascos y yardas— pero unidas por la misma canción: I’m Still Standing.
En 1983, Bernie Taupin, compañero inseparable de letras, escribió junto a Elton John una declaración de vida disfrazada de pop optimista. El disco era Too Low for Zero, título que ya en sí mismo parecía una ironía: demasiado bajo para ser cero.
Elton venía de sus años más oscuros.
Las adicciones, la crítica fácil, la fama que lo había consumido.
Era el artista que muchos daban por acabado, el que se había extraviado entre lentejuelas y excesos.
Y, sin embargo, en ese video grabado en la Riviera francesa, Elton aparece brillante, desbordante, casi infantil. Es un renacimiento a technicolor.
“Looking like a true survivor, feeling like a little kid.”
Esa línea resume todo: no se trataba de volver a ser el mismo, sino de volver distinto. De seguir en pie, a pesar de todo.
Mientras Elton se reinventaba ante millones, Kurt Warner apenas soñaba con tener una oportunidad.
Nacido en Iowa, en medio de una familia disfuncional y una fe que lo mantenía aferrado a algo más grande, jugó en Northern Iowa Panthers sin demasiadas miradas encima.
No fue elegido en el draft.
Trabajó en un supermercado Hy-Vee, acomodando víveres por 5.50 dólares la hora.
Entrenaba de noche, jugaba donde pudiera.
Aceptó un contrato en la Arena Football League, donde le pagaban cien dólares por touchdown.
Allí, en la liga alternativa que pocos veían, se convirtió en un sobreviviente.
Hasta que un día, el azar y la oportunidad se cruzaron.
Los St. Louis Rams lo firmaron como suplente.
Una lesión abrió la puerta, y Kurt Warner entró para nunca salir.
En 1999, su temporada fue llamada The Greatest Show on Turf: 41 pases de touchdown, MVP de la NFL, MVP del Super Bowl, y un anillo imposible.
Era el I’m Still Standing del fútbol americano.
Elton y Kurt representan la misma idea en distintos lenguajes: la de resistir y volver, cuando el mundo ya había pasado de página.
Uno lo hizo con notas, el otro con yardas; uno desde un piano, el otro desde el bolsillo de protección.
Ambos desafiaron la narrativa del final anunciado.
Ambos fueron señalados como parte del pasado, y ambos decidieron escribir un epílogo que se sintiera como un principio.
Quizá por eso I’m Still Standing no envejece.
Porque no es una canción sobre la victoria, sino sobre la persistencia.
Sobre entender que el brillo no viene del aplauso, sino de la posibilidad de seguir existiendo cuando ya nadie te mira.
Hay quienes ganan desde el primer intento, y hay quienes necesitan romperse para entender el valor de volver a ser.
Elton John y Kurt Warner nunca jugaron el mismo partido, pero los dos siguen —todavía— de pie.
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