Un tratamiento en el feto salva la vida de una niña cuyas dos hermanas ya habían muerto por la misma enfermedad

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Los padres de la pequeña, religiosos, decidieron tener otro embarazo natural pese a saber que ambos portaban mutaciones genéticas muy graves.

El País.- Elegir una pareja con la que tener hijos es como jugar a una lotería genética. La paquistaní Sobia Qureshi y el canadiense Zahid Bashir tuvieron la peor de las suertes. Ambos eran portadores de una mutación rarísima que, si coincide en ambos padres, hace que sus hijos sufran una enfermedad letal y mueran antes de cumplir los dos años. Sus dos primeras niñas, Zara y Sara, fallecieron así. La tercera, Ayla, estaba destinada a morir también, pero un pionero tratamiento cuando todavía era un feto en el útero de su madre ha salvado su vida por el momento. Ayla ya tiene 16 meses y corretea feliz. La estrategia podría ser útil en otras enfermedades genéticas raras.

La maldición de las tres niñas es la enfermedad de Pompe, un trastorno genético muy raro —uno de cada 100.000 nacimientos— que provoca la carencia de una proteína que degrada el glucógeno, el almacén de azúcar en los músculos. El defecto hace que esta sustancia se acumule peligrosamente en las células musculares. Los niños mueren con un corazón gigantesco.

A la cirujana pediátrica Tippi MacKenzie, de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos), se le ocurrió una solución. Actualmente, las personas con la variante menos grave de la enfermedad acuden periódicamente al hospital para recibir por vía intravenosa la proteína que les falta, obtenida en células de ovario de hámster chino. MacKenzie pensó que podía funcionar inyectarla mucho antes: directamente en el diminuto cordón umbilical del feto. Tras seis dosis en diferentes sesiones, Ayla nació con un corazón perfecto. Antes que en la niña, la técnica solo se había probado en ratones. El éxito se ha publicado este miércoles en la revista médica The New England Journal of Medicine.

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