Vivienne Westwood: vestir contra el sistema

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Por Alexa Durán.

Durante mucho tiempo se ha hablado del punk como un género musical, pero pocas veces como un lenguaje visual. Y eso es un error, porque el punk se gritaba con la moda. 

En los años setenta, vestirse dejó de ser solamente una elección estética. En ese contexto, Vivienne Westwood entendió que la moda podía funcionar como un manifiesto político. Una forma de protesta directa contra el sistema, las normas sociales y la idea de “buen gusto”

Hoy su nombre está ligado a la alta costura, pero su origen no fue elegante. Junto a Malcolm McLaren, mánager de los Sex Pistols, Westwood convirtió la boutique SEX en un espacio de confrontación cultural.

Los diseños que surgieron de ese espacio ayudaron a darle forma visual a una escena entera. 

Camisetas con mensajes explícitos, prendas rasgadas, alfileres atravesando la ropa, cadenas y cuero. Cuando los Sex Pistols aparecieron así en el escenario, el punk cambió para siempre. Ya no era posible ignorarlo.

Cada elemento estaba pensado para romper con la decencia impuesta, para rechazar lo correcto y desafiar la comodidad del espectador. A través de esos códigos, Vivienne Westwood ayudó a fijar una identidad visual que volvió al punk reconocible y colectivo.

La estética, más que para asustar a los normies, era una extensión directa de esa postura. Por eso, entender el punk implica también entender la ideología que sostenía esas decisiones visuales. 

El punk nació como una respuesta antisistema y anti-consumista, representada por el “hazlo tú mismo”. Se trataba de crear desde la precariedad, de reapropiarse de lo que se tenía a la mano. La ropa reflejaba ese rechazo a la perfección, al lujo y a la idea de consumir para encajar.

También fue una respuesta de clase. El punk surgió en un contexto de crisis económica, desempleo y falta de oportunidades. La ropa rota no era solo una elección estética: muchas veces era lo único disponible. 

En ese sentido, la moda punk no pretendía verse “mal” por rebeldía superficial. Buscaba evidenciar una realidad que el sistema prefería ocultar. Westwood no inventó esa precariedad, pero supo amplificar su mensaje.

Con el tiempo, esa figura ligada a la rebeldía comenzó a ocupar un lugar cada vez más visible dentro del mundo de la moda… y en el mainstream. 

Para muchos, este giro representó una traición al movimiento que ayudó a construir. ¿Cómo alguien que fue parte del inicio del punk podría integrarse a un sistema que este mismo rechazaba?

Westwood defendió la idea de un consumo con criterio: elegir calidad, durabilidad y prendas con significado en lugar de modas pasajeras. Sin embargo, al insertarse en una industria basada en el elitismo y el consumo excesivo, ese discurso comenzó a contradecirse.

Hoy su marca maneja precios elevados que la alejan de esa lógica original. El punk nació desde la clase trabajadora, desde la precariedad y el acceso limitado; cuando una prenda se vuelve inaccesible para quienes encarnaron esa ideología, el mensaje inevitablemente se diluye.

Fuera del precio, lo que genera másconflicto es la distancia entre ese costo elevado y la poca calidad que se recibe a cambio. El problema no fue que Vivienne Westwood haya “entrado” al sistema, sino que parte de su legado se haya vuelto exclusivo

Aún así, no podemos negar el impacto que causó. Su trabajo demostró que la moda podía ser política, incómoda y contestataria. Reducir ese legado a una imagen o a una marca es perder su sentido original.

Precisamente por eso, su herencia sigue siendo “incómoda”, incluso para la propia marca. La incomodidad nace de la distancia entre discurso y práctica; y de la forma en que obliga a cuestionar lo que consumimos, lo que apoyamos y lo que aceptamos sin pensar. En ese cuestionamiento —más que en la estética— está el verdadero legado de Westwood.

 

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