“Les hacía falta sazón, batería y reggaetón”

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Por Diego Aguilar

El Super Bowl ha sido un escaparate cultural desde los noventa. Michael Jackson lo transformó en un show global. Prince y Springsteen lo convirtieron en protesta y ritual. Beyoncé, Shakira y JLo lo hicieron un discurso de identidad.

Ahora, un puertorriqueño que canta reggaetón se sube al escenario más visto del planeta. Por primera vez, un artista en solitario canta en español. Desde Puerto Rico para el mundo. Esto no es entretenimiento. Esto es política cultural.

El reggaetón nació en los noventa. Mezcla dancehall jamaiquino, hip hop y ritmos caribeños. Fue criminalizado en Puerto Rico. Redadas en gasolineras. Discos confiscados. Catalogado como “ruido vulgar”.

Tego Calderón, Daddy Yankee y otros lo defendieron como resistencia. Música de los barrios. Música de la juventud. Música del cuerpo y del baile. Es un paralelismo político de resistencia. Como la disco afroamericana y el movimiento de las Panteras Negras: usar música y arte como cultura, poder y resistencia ante la opresión y el racismo. Paralelismos extraños. Paralelismos poderosos.

Sí, hay letras misóginas. Letras que sexualizan a las mujeres. Letras que incomodan. Pero más allá de eso, el reggaetón es una narrativa de lo marginal. Lo que nadie quería escuchar, ahora domina el mainstream. Puerto Rico, un país colonizado, exporta un género que coloniza al mundo. Ironía perfecta.

Bad Bunny llevó esto al Coliseo de Puerto Rico. No fue un concierto. Fue obra total. Performance. Referencias políticas. Mensajes contra el gobierno. Tradición musical boricua. Celebración artística de Puerto Rico frente a sí mismo y al mundo.

El Coliseo se convirtió en laboratorio cultural y político. El Super Bowl será su internacionalización masiva. Estados Unidos, acostumbrado a reafirmar su monocultura, ve a un artista puertorriqueño cantar en español. Con raíces de un género censurado. Una bofetada simbólica. Más aún en un país profundamente racista, con ICE, migrantes y Trump.

Y sí, va a molestar. No solo por idioma. También por el peso político que lleva.

El reggaetón, con todas sus contradicciones, es hoy el sonido de una generación globalizada. Para muchos, incluido yo, fue la música que marcó el regreso a la vida nocturna pospandemia para unos y en mi generación, el soundtrack de nuestras primeras fiestas, escapadas y aventuras adolescentes.

El embajador más consciente es Bad Bunny.

Si el Super Bowl antes era propaganda estadounidense, este año también será escenario caribeño. La victoria no es cantar en inglés. No es ser “apto para todo público”. La victoria es llegar con todo lo que representa.

Puerto Rico y nuestros hermanos Latinos.

Perreo, baby. Hasta abajo, baby!

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