
Parra el paleontólogo Tomasz Sulej, que el mastodonsaurio viviera después de la más gran extinción de la que se tenga registro demuestra que “no es cierto que los humanos puedan destruir la vida en este planeta”
AP.- “Me imagino que estos huesos estuvieron bajo tierra durante 240 millones de años y yo soy el primer ser humano en la Tierra en tocarlos”, dice Tatyana Kozyk.
Kozyk es la coordinadora de los equipos de voluntarios que, equipados con cinceles, cepillos y gafas protectoras, van quitando poco a poco la roca que cubre los huesos fosilizados de un enorme anfibio prehistórico conocido como Mastodonsaurus en un laboratorio de paredes de cristal en la planta baja del Centro de Ciencias Copérnico, en Varsovia.
Los voluntarios no son geólogos ni paleontólogos, sino gerentes empresas, personal de limpieza, tatuadores, y hacen su trabajo mientras al otro lado del ventanal, los visitantes observan cómo se va descubriendo el esqueleto de casi seis metros de largo y mil 300 kilogramos de peso.
Esta restauración forma parte de un inusual proyecto público de ciencia en el que más de dos mil voluntarios están ayudando a científicos polacos a restaurar el esqueleto del mastodonsaurio, un temible depredador acuático de alrededor de los albores de la era de los dinosaurios.
La labor es minuciosa. Hay que separar el hueso fosilizado de la roca circundante milímetro a milímetro con un fino cincel neumático, mientras con luz ultravioleta se revela dónde termina el hueso y dónde empieza la roca que lo rodea.
Para participar, los voluntarios reciben capacitación y equipo especial de protección antes de comenzar sesiones de cincelado de dos horas y bajo supervisión. Kozyk, su coordinadora señala: “Todavía estoy tratando de asimilar esta experiencia”.
Un antiguo depredador acuático
El Mastodonsaurus, uno de los anfibios más grandes que hayan existido, vivió hace unos 240 millones de años durante el periodo Triásico Medio, cuando estaban apareciendo los primeros dinosaurios, pero antes de que llegaran a dominar la Tierra.
Por lo que se ha podido reconstruir, se sabe que era un cazador de emboscada bajo el agua, y se alimentaba principalmente de peces y anfibios más pequeños.
Tenía una cabeza ancha y plana, mandíbulas largas y dientes cónicos afilados; su aspecto se parecía al de un cocodrilo, aunque pertenecía a una rama distinta del árbol evolutivo de los vertebrados.
Cuando la restauración esté completa, será el más grande exhibido en un museo en cualquier parte del mundo, afirmó Tomasz Sulej, paleontólogo y profesor del Instituto de Paleobiología de la Academia Polaca de Ciencias.
A Sulej y a su colega Wojciech Pawlak, de la Facultad de Geología de la Universidad de Varsovia, se les atribuye el descubrimiento del esqueleto en el sur de Polonia en 2023 y la idea de invitar a voluntarios para ayudar en su restauración.
Sulej señala que no se conocen otros esqueletos de Mastodonsaurus de este tamaño en ninguna otra parte del mundo, y que el hallazgo promete ayudar a los científicos a aprender más sobre la especie.
“La estructura del cuerpo es diferente de lo que conocíamos hasta ahora —comentó—. Esta es información completamente nueva para el mundo científico”.
Sulej indicó que se han encontrado otros esqueletos de mastodonsaurios en otros lugares, como en Alemania y Rusia, pero miden de dos a tres metros de largo.
Una oportunidad para reflexionar sobre el pasado y el futuro
Dorota Serafin, una gerente de 51 años de Varsovia que participa como voluntaria en el proyecto, manifestó que trabajar con el esqueleto de un animal antiguo es una experiencia que al mismo tiempo resulta “relajante y filosófica, incluso mística”.
Serafin expresó que planea regresar para otras sesiones y, con el tiempo, llevar a su familia al Copérnico cuando se exhiba el esqueleto restaurado, algo que se espera para octubre o noviembre.
Además de la impactante experiencia de tocar los restos de un animal que vivió hace cientos de millones de años, el contacto con el Mastodonsaurus ofrece una oportunidad para reflexionar sobre el futuro, dijeron quienes participan en el proyecto.
El anfibio habitó las aguas de la Tierra después de la mayor extinción masiva conocida y justo antes de que aparecieran los dinosaurios. La llamada extinción del Pérmico-Triásico o como “la gran mortandad”. Ocurrió hace unos 250 millones de años y marcó el límite entre los periodos Pérmico y Triásico
Mientras la humanidad contempla los efectos potencialmente catastróficos del cambio climático, Sulej sostiene que la historia del mastodonsaurio ofrece algo de esperanza.
“El mastodonsaurio vivió después de la gran extinción, lo que demuestra una cosa: que la naturaleza siempre se las arregla”, señala Sulej. “No es cierto que los humanos puedan destruir la vida en este planeta. La naturaleza y la vida siempre encuentran maneras de sobrevivir”.













