Durante la audiencia, la madre de los dos hermanos pidió un “castigo ejemplar” para los responsables del crimen. Ante el juez y los tres imputados por los asesinatos, Debra Robinson, madre de los australianos Callum y Jake Robinson, afirmó en un discurso que fue traducido por un intérprete en la sala que “nuestros hijos nos fueron arrebatados y nuestra vida cambió para siempre”.
“¿Cómo puede alguien tan amable morir a manos de personas tan despiadadas?”, se preguntó la mujer al recordar que los extranjeros “se fueron pidiendo piedad”, y solicitó “castigo ejemplar para quienes nos los arrebataron para demostrar que sus vidas importan”.
Por su parte, Natalie Rob, esposa del estadounidense asesinado Jack Carter Rhoad, conmovió a los presentes al señalar en una videollamada, que también fue traducida por un intérprete, que “estar sin él es el dolor más grande de mi vida”, y dijo, refiriéndose a los tres detenidos, que “creo que el perdón para estas personas no existe porque son culpables. Espero que se arrepientan y acepten el amor de Dios”.
Los hermanos Robinson y Carter Rhoad viajaron en abril de 2024 a Baja California para surfear, pero poco después de llegar al poblado de Punta San José, a unos 80 kilómetros de Ensenada, fueron reportados como desaparecidos. Sus cuerpos fueron localizados el 3 de mayo dentro de un pozo en las cercanías de Punta San José.
Durante el juicio, que se extendió por un mes, se dieron a conocer escalofriantes detalles del brutal crimen. Silva Raya declaró el mes pasado durante una audiencia que García le confesó que llegó con una pistola 9 milímetros a la casa de campaña donde estaban los extranjeros, quienes al verlo comenzaron a lanzarle sus pertenencias para evitar que los agrediera, y que uno de ellos le suplicó por su vida, lo que el presunto agresor no atendió.
La fiscalía estatal informó que Silva Raya llegó a Punta San José el 27 de abril de 2024, donde tuvo contacto con los tres extranjeros, e “instigó a uno de sus acompañantes a despojarlos de sus bienes”, lo que se concretó un día después.
A la mujer, a quien las autoridades le encontraron un teléfono de una de las víctimas, fue sentenciada en noviembre pasado a 20 años de cárcel, luego de declararse culpable de los delitos de “robo calificado con violencia” y “robo de vehículo con violencia” en un procedimiento abreviado. Pero García y sus dos presuntos colaboradores decidieron ir a juicio.