
La mayoría de este tipo de enterramientos secundarios que se han encontrado en el área de la Ciudad de México son de la época de la olonia o de la “de contacto”, pero el encontrado en Buenavista parece ser anterior
Latinus.-Todavía falta que se realicen las determinaciones de sexo, edad y temporalidad de los restos encontrados en un osario en el barrio de Nonoalco en la Ciudad de México, pero algunas de sus características hacen sospechar que podría tratarse de un enterramiento previo a otros que se han encontrado.
Hasta ahora, “los osarios que se han encontrado en la Ciudad de México tienen mucho que ver con el periodo de la Colonia (que va de 1535 a 1821) o inclusive en la época de contacto“, señala José Manuel Cervantes Pérez, encargado del Laboratorio de Antropología Física (LAF) donde se harán los análisis de los restos óseos.
Cervantes Pérez añade, en un video de INAH TV en YouTube (el canal del Instituto Nacional de Antropología e Historia) que en el caso del osario de Nonoalco han encontrado indicios de que podrían ser de la época prehispánica, “principalmente que algunos tienen modificación craneana“.
“Junto con el material óseo se encontró cerámica asociada, de la temporalidad Azteca III“, que va del 1350 al 1520 señala sobre el hallazgo realizado cerca de la estación Buenavista de el INAH en un comunicado publicado este miércoles.
“En conjunto —elementos óseos y cerámica—, podrían corresponder a los últimos años del periodo prehispánico y a la época colonial”, señala Cervantes Pérez en el comunicado.
Añade que esta hipótesis “se refuerza con el hecho de que el hallazgo ocurrió dentro de lo que fue el calpulli de Nonoalco, uno de los 19 barrios prehispánicos del islote de Tlatelolco”.
El osario como enterramiento secundario
Tras excavar, a una profundidad de 1.40 metros, se hallaron cráneos, mandíbulas, partes de caderas, fragmentos de fémur, costillas y dientes. Posteriormente, a mayor profundidad, se encontró el osario, donde se encontraban huesos que es como se conoce a cierto tipo de enterramientos secundarios.
Según informó el arqueólogo responsable en campo, Josué Castillo Sánchez, hasta el momento se han contabilizado nueve osamentas, de las cuales dos presentan modificaciones craneales, además de cinco mandíbulas y huesos grandes, como radios, tibias e iliacos, en buen estado de conservación.
Además, señala que se encontró cerámica de índole doméstica: platos, ollas y salineras, vasijas para la extracción de sal en el antiguo lago de Texcoco.
También había siete malacates miniatura, un par de figurillas y lítica pulida, incluidos cuatro fragmentos de manos de metate y de mortero, además de navajillas, en su mayoría de obsidiana verde que posiblemente procedía del yacimiento de la Sierra de las Navajas, en Hidalgo, se lee en el comunicado.
El osario, como enterramiento secundario
De acuerdo con la antropóloga física Abril Machain Castillo, encargada de la exhumación de los restos humanos, uno de los rasgos que atribuye el carácter de osario al hallazgo es que no se han encontrado piezas pequeñas o irregulares, sino aquellas que se pueden conservar, como cráneos y huesos largos.
Machain Castillo explica en el comunicado que los huesos de los osarios corresponden a individuos que originalmente estaban sepultados en otro lugar, en un entierro primario.
En la religión católica, la formación de osarios ha sido común, por un lado, por una cuestión práctica ante la falta de espacio en los cementerios que hace necesario vaciar tumbas para otros enterramientos.
También se han usado como una forma de preservar restos óseos considerados reliquias que permitan seguir venerando a ciertos personajes ya fallecidos.
De acuerdo con los autores del libro “Costumbres funerarias y sacrificio humano en Cholula Prehispánica”, en la zona del centro de México en la época prehispánica había básicamente tres tipos de osarios: los de diversos elementos óseos entremezclados, como parece ser el caso de Nonoalco; de cráneos aislados, conocidos como tzompantlis, y de restos cremados.
Cercanos a la iglesia
Cabe resaltar que los restos del osario están ubicados cerca de la iglesia de San Miguel Nonoalco, construida posteriormente en el siglo XVI, que fungió como capilla de visita por parte de los frailes franciscanos del Convento de Santiago Tlatelolco.
El hallazgo deriva del salvamento arqueológico en el trazo del Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro, destaca el INAH.










