El escritorio de Tulio: desde Chile hasta Washington

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Por Diego Aguilar

Nunca pensé que vería 31 Minutos en un Tiny Desk, y ahora no puedo dejar de sonreír.

Grata fue mi sorpresa esta mañana al ver cómo Tulio Triviño, su sobrina Patana y Juanín ocupaban el escenario virtual musical más importante del mundo. Yo soy de una generación que creció con 31 Minutos, ese programa de humor absurdo, inteligente y político, con títeres nacidos en Chile.

Siempre tenían canciones divertidas que tocaban temas serios, rozando al mismo tiempo la burla hacia la televisión tradicional .

Su inicio fue enérgico y divertido, arrancando con Freddy Turbina, quitándole las rueditas a su bicicleta y llevándonos directo al corazón de su humor y su nostalgia. Los músicos, discretos, vestían con ropa que imitaba el fondo impreso del estudio, disimulando su presencia para que toda la atención recayera en los títeres.

Hubo momentos que no voy a olvidar: el maguito gritando al final “¡Mi show, mi show!”, o el cambio en la letra de Hablo como Idiota, donde dicen “alza la mano quien se le acabó el Waiver” y “alza la mano quien está de ilegal”, haciendo referencia al contexto político actual de Estados Unidos.
Por ser una canción de un abogado, la introducción la hicieron con el tema de Better Call Saul, un guiño tan ingenioso como inesperado.

El Tiny Desk hoy funge como la secuela espiritual del MTV Unplugged, ese espacio donde los músicos se despliegan y nos regalan versiones más crudas y acústicas de sus canciones, mostrando de qué están hechos realmente.

Y el cierre no pudo ser más simbólico: Yo nunca vi televisión, su canción insignia llena de sátira, fue el broche final perfecto.

Una declaración de principios disfrazada de humor, que volvió a recordarnos —en apenas unos minutos y desde un escritorio—

Que crecer no significa dejar de jugar.

 

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