
Un nuevo estudio descubrió que, en la mayoría de las poblaciones y especies de primates, no hay un “dominio” claro de los machos sobre las hembras y que, más bien, existe una dominancia compartida o ambigua.
WIRED.- La creencia histórica de que los machos dominan socialmente a las hembras en la mayoría de las especies de mamíferos está en entredicho desde hace un par de décadas. Una buena parte del cuerpo científico sugiere que las relaciones de poder en la naturaleza entre machos y hembras son más complejas de lo que se piensa.
Ahora, un nuevo estudio encontró que en la mayoría de las poblaciones y especies de primates no está claro que alguno de los sexos se imponga sobre el otro. Esto nos otorga más posibilidades de explorar los factores que impulsan los sesgos sexuales en las relaciones de dominancia.
¿De dónde viene esta idea?
Según un artículo de The New Yorker, del 2023, el origen del macho “alfa” se remonta a 1970, cuando David Mech, el científico investigador principal del Servicio Geológico de EE UU, publicó su libro The Wolf: The Ecology and Behavior of an Endangered Species, en el que reunió investigaciones sobre los lobos, incluyendo sus hábitos y su estructura social. Aunque el texto fue en un éxito de ventas y permeó sus ideas en la sociedad contemporánea, con el tiempo, Mech se sintió incómodo, especialmente por la sección sobre jerarquía de manada.
En ese entonces, Mech se basó en investigaciones hechas con lobos en cautiverio. El estudio principal en ese momento era de Rudolph Schenkel, quien introdujo los términos “lobo líder” y “loba dominante”, antecesores de los actuales “macho alfa” y “hembra alfa”. “Resultó que casi todo eso estaba equivocado,” dijo Mech después y se dedicó a investigar lobos árticos en la isla Ellesmere, en Nunavut, Canadá. Ahí, observó las interacciones de los lobos en libertad, y confirmó que la idea del “lobo alfa” no aplica en condiciones naturales y no controladas. Es decir, que el lobo en cautiverio actúa completamente diferente a cuando está en su hábitat natural, de acuerdo con el artículo.
Fue con investigaciones posteriores, y con ayuda de herramientas como el rastreo por radio, que se descubrió que las manadas eran, en realidad, unidades familiares no dominadas por la agresividad masculina y que seguían una estructura básica: un padre, una madre, y sus hijos. Mejor dicho: no eran “alfas”, solo eran padres.











