El poder del soundtrack en Stranger Things

Por Alexa Durán.
[Incluye spoilers]
Stranger Things no sólo redefinió la nostalgia ochentera para una nueva generación, también la convirtió en un fenómeno cultural gracias a algo que muchas series pasan por alto hoy en día: su música.
Dejando de lado lo que podamos pensar del final —personalmente, fue decepcionante—, es innegable que la serie nos dejó uno de los soundtracks más memorables de la televisión reciente. Más que acompañar escenas, la música en Stranger Things funcionó como una herramienta narrativa, capaz de definir personajes, amplificar emociones y convertir buenas escenas en momentos inolvidables.
El término anglosajón needle drop se usa para describir esos momentos en los que una canción entra en el instante exacto, elevando una escena y dándole un significado nuevo. No se trata solo de nostalgia o buena música, sino de entender qué personaje la necesita y por qué.
A partir de esa idea, estos son algunos de los needle drops más memorables de Stranger Things.
Empezando con uno de los casos más claros: Should I Stay or Should I Go. Desde la primera temporada, la desaparición de Will Byers está profundamente ligada a esta canción, su favorita. Cada vez que aparece a lo largo de la serie, se asocia directamente con él, funcionando como un recordatorio constante de su presencia y de su lucha por sobrevivir.
Will, un chico gay creciendo en los años ochenta, encuentra refugio —figurativa y literalmente— en la música. The Clash se convierte en un espacio seguro en una época donde constantemente finge interés en ciertas cosas para ser aceptado. Pudimos ver esto en un flashback cuando su hermano Jonathan le enseña esta canción en uno de los pocos momentos donde Will puede ser él mismo sin miedo, algo que más adelante se convierte en un paralelo claro con su proceso de aceptación personal.
Cuando Will queda atrapado en el Upside Down, esta canción lo acompaña y lo mantiene con vida, funcionando como un ancla frente a la amenaza. Un concepto que la serie retomará de forma más explícita en la cuarta temporada. Más allá de su carga emocional, Should I Stay or Should I Go terminó convirtiéndose en la canción de Stranger Things, aquella con la que inevitablemente todos asociamos a la serie.
Heroes aparece en la primera temporada en uno de los momentos más devastadores: cuando todos creen que Will ha muerto. No es una elección casual. A lo largo de los años, esta canción se ha asociado con quienes luchan por encajar y sobrevivir en un mundo que constantemente los margina.
Su versión melancólica refuerza la sensación de pérdida, pero también de resistencia. No se trata de un heroísmo grandioso, sino de uno íntimo y frágil, muy acorde al espíritu de la serie en sus inicios. El impacto es tal que la canción regresa en los créditos finales del último episodio de Stranger Things, cerrando el ciclo y recordándonos que, desde el principio, esta historia siempre fue sobre quienes sobreviven a pesar de todo, más allá de lo sobrenatural.
Otro ejemplo brillante es Every Breath You Take. Al final de la segunda temporada, vemos a los protagonistas intentando regresar a una vida “normal” durante el baile de invierno. A primera vista, la canción puede parecer una elección romántica, pero su verdadero poder está en el contexto.
Si se presta atención a la letra, queda claro que no es una canción de amor, sino una de obsesión. Frases como “cada movimiento que hagas, cada paso que des, estaré observándote” transforman por completo el significado de la escena. Mientras los personajes bailan, la cámara se desplaza hacia el Upside Down, donde el desuellamentes observa cada uno de sus movimientos, anticipando la amenaza que se desarrollará en la siguiente temporada. Lo que suena dulce es, en realidad, inquietante. La música revela lo que los personajes aún no saben.
En la cuarta temporada —que tiene el mejor soundtrack de toda la serie— encontramos el ejemplo más poderoso de Stranger Things. Max Mayfield atraviesa una profunda depresión tras la muerte de su hermanastro Billy, alejándose de sus amigos mientras lidia con la culpa de sentir, en el fondo, alivio por su muerte.
Esto la convierte en el siguiente objetivo de Vecna, quien pone a sus víctimas en un trance antes de asesinarlas. Running Up That Hill encapsula perfectamente el conflicto interno de Max: “Si tan solo pudiera, haría un trato con Dios para poder cambiar de lugar”. La canción representa su deseo de escapar del peso de esa culpa y un trauma que no ha logrado procesar.
En el momento final, cuando parece lista para rendirse, Max escucha la canción y recuerda aquello que aún la ata a la vida: sus amigos, sus recuerdos, las personas que ama. Con la versión cinemática de fondo, corre con todas sus fuerzas y logra salvarse. La música no está ahí para acompañar la escena:es literalmente su salvación. Este es el ejemplo más claro de la música como ancla emocional y uno de los momentos más conmovedores de toda la serie.
Purple Rain es, sin duda, una elección musical impecable. Sin embargo, aquí tengo un conflicto. Como fanática de Prince, es imposible ignorar el peso histórico y emocional de esta canción, que durante décadas ha funcionado como un himno no oficial queer y una fuente de consuelo para quienes se sentían fuera de lugar.
Por eso, resulta decepcionante que se utilice para la pareja heterosexual con menos química de todas y un arco narrativo basado casi por completo en la duda y la inseguridad. Incluso muchos de nosotros habíamos pensado que Mike y Once habían terminado su relación hasta el último episodio. La canción habría tenido un impacto mucho más profundo si se hubiera asociado con Will, o incluso con Once en solitario, considerando su historia como marginada y su vida marcada por la supervivencia.
Aunque la escena es emotiva, se apoya más en la nostalgia que en la coherencia emocional. Hacer de Mike y Once el centro de este momento no termina de tener sentido cuando el verdadero sacrificio de Once va más allá de una relación adolescente: es la pérdida de su infancia, su identidad y la posibilidad de una vida sencilla. La vimos sacrificar todo lo que siempre quiso para salvar a las personas que ama, y aun así, sus momentos finales se enfocaron en una relación marcada más por distancia e incertidumbre que por la conexión que alguna vez tuvo. Aquí, la canción es perfecta, pero no le pertenece al arco adecuado.
Dejando de lado sus aciertos y fallas, Stranger Things demostró que la música puede ser una de las herramientas narrativas más poderosas de la televisión, tanto sutil como directamente. Cuando un needle drop funciona, no es solo porque la canción sea buena o famosa; es porque entiende el sentido de la elección.
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