Los robos a los museos europeos son cada vez menos sofisticados y más violentos, advierte Europol

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Según la organización han cambiado las tácticas para cometer los atracos y sus objetivos, ya que se prefieren el oro y las joyas a las obras de arte; esta evolución “puede indicar la implicación de nuevas redes criminales”

EFE.- Hace 115 años y tres días, el 21 de agosto de 1911, la Mona Lisa fue robada del Museo del Louvre en París. La obra de Da Vinci no era entonces tan famosa como ahora; aún así, mucha gente, atraída por la historia, fue a ver el lugar vacío donde había estado.

El ladrón, un extrabajador del museo llamado Vincenzo Peruggia, fue atrapado en diciembre de 2013 cuando intentó venderla a un coleccionista. El “regreso triunfal” del cuadro al Louvre fue el inicio de su conversión en invaluable ícono del arte.

De acuerdo con la Europol, ese tipo de robos van a la baja en los museos europeos mientras crecen los cometidos por delincuentes menos especializados y más violentos que no buscan las obras de arte sino oro, joyas, piedras preciosas y antigüedades por su valor y facilidad para colocarlas en el mercado ilegal.

Hace más de un siglo Peruggia entró al museo vestido con el uniforme blanco de los empleados y sólo tuvo que descolgar la obra y salir caminando con ella; después, la imagen del ladrón de arte como un delincuente sofisticado se volvió parte de la cultura popular; ahora, en los robos a museos se usan mazos, hachas, explosivos y hasta armas de fuego.

“Cambio de tácticas, cambio de objetivos: la naturaleza cambiante de los robos en museos” se titula el informe publicado este lunes de la agencia de coordinación policial europea, y en él advierte de la transformación de la que tradicionalmente era una práctica no violenta de delincuencia organizada.

Frente al ladrón especializado que actúa discretamente y trata de evitar cualquier enfrentamiento, las investigaciones recientes muestran ladrones que revientan puertas y vitrinas y pueden utilizar armas de fuego para intimidar a vigilantes y visitantes.

Los robos en museos son cada vez más agresivos, con un giro hacia métodos violentos y basados en el uso de la fuerza”, señala Europol entre las principales conclusiones del informe, que considera que esta evolución “puede indicar la implicación de nuevas redes criminales”.

De Países Bajos a Francia

Durante los últimos dos años Europol ha observado un interés recurrente por metales y piedras preciosas: pepitas y monedas de oro, objetos ornamentales y joyas, entre otros.

La Europol pone como ejemplo el asalto de 2024 al Museo Cognacq-Jay de París, donde cuatro encapuchados armados con bates de béisbol y hachas irrumpieron en el edificio y huyeron en motocicletas con siete objetos decorados con oro y diamantes.

El oro y la plata pueden fundirse y perder con ello los elementos que permiten a la Policía identificar su origen, señala la agencia, lo que facilita su introducción en circuitos ilegales, mientras que las piedras preciosas pueden separarse de las joyas y venderse individualmente.

También menciona a los ladrones que entraron en enero de 2025 al Museo Drents de Assen, en el norte de Países Bajos, quienes hicieron explotar una puerta de madrugada para llevarse varias piezas arqueológicas del antiguo reino de Dacia, prestadas por Rumanía, entre ellas el casco de oro de Cotofenesti, de unos 2 mil 500 años de antigüedad, y tres brazaletes de oro.

Extrañamente, el casco y dos de los tres brazaletes fueron recuperados y devueltos a Rumanía, un desenlace poco habitual para objetos que, cuando están fabricados con metales preciosos, suelen ser destruidos para borrar su procedencia y para ser vendidos con más facilidad.

Además, para los delincuentes, estos objetos pueden resultar visibles y accesibles en un museo, cuya seguridad se percibe como menos estricta que la de una joyería.

Otro de los casos analizados es, por supuesto, el robo perpetrado en octubre de 2025 en el Louvre: los ladrones rompieron una ventana, amenazaron a guardias y visitantes, destrozaron vitrinas de la Galería Apolo y sustrajeron joyas valoradas en unos 88 millones de euros (alrededor de mil 740 millones de pesos mexicanos).

“Todos los casos mencionados hasta ahora muestran robos dirigidos y una preparación deliberada, incluido el reconocimiento previo y la planificación”, explica la agencia.

“Bajo riesgo y alto beneficio”

Por otra parte, Europol identifica un objetivo muy diferente: las antigüedades chinas; en particular platos de porcelana de los siglos XII y XIII, recipientes de la dinastía Ming y jarrones de bronce esmaltado de las dinastías Ming y Qing.

La agencia relaciona esta tendencia con la fuerte demanda existente en el mercado del arte y con las posibilidades de reventa de estas piezas, lo que apunta a que detrás de determinados robos puede existir ya un comprador o un mercado criminal interesado en categorías muy concretas.

El tráfico de bienes culturales ha estado tradicionalmente asociado a grupos estructurados, organizados alrededor de un líder y con delincuentes especializados que recurren al engaño, el conocimiento del mercado y la discreción antes que a la violencia.

Pero Europol observa ahora indicios de un modelo diferente: personas con antecedentes en otros ámbitos criminales que llevan a cabo de manera puntual un robo y que, en algunos casos, habrían sido reclutadas en redes sociales y aplicaciones de mensajería.

La agencia admite que todavía existe “una laguna de inteligencia” que impide determinar con certeza hasta dónde llega este fenómeno, pero plantea dos hipótesis:

Una es que los ejecutores de menor nivel sean reclutados de forma aleatoria bajo el modelo denominado “crimen como servicio”, en el que determinadas tareas de una operación se encargan a terceros.

La otra es que delincuentes procedentes de mercados ilegales diferentes hayan descubierto en los museos una oportunidad que consideran de “bajo riesgo y alto beneficio”.

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