Sociedad Creativa y Allatra: Sectas y Conspiraciones climáticas

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Por Diego Aguilar

Crédito: Esta columna se basa principalmente en el video ensayo de Sr. Fractal sobre Sociedad Creativa y Allatra, que sirvió como fuente central de investigación.

La secta criminal de la Luz del Mundo acaba de caer —o está por caer— y eso me recuerda otro caso, no tan hablado, pero con repercusiones mundiales igual de inquietantes. Cada generación tiene su propio fin del mundo. El nuestro, al parecer, viene con logo, página web y embajadores internacionales.

Hace poco, en YouTube, me topé con una cuenta llamada Sociedad Creativa. En el papel, se presenta como un movimiento globalista, humanista y científico. Dicen recurrir a miles de científicos, políticos y personas influyentes para “salvar al planeta” del cambio climático. Sus videos están por todas partes, traducidos a decenas de idiomas y replicados en cientos de canales.

Entre ellos destaca una figura que parece salida de inteligencia artificial: Egon Cholakian. Este personaje asegura tener vínculos con el CERN y aparece en un video central donde, con tintes seudocientíficos, lanza una fecha límite: en 2032 el mundo colapsará si no actuamos. Según él y un supuesto grupo de científicos de Harvard o del CERN, el reloj apocalíptico ya está en cuenta regresiva.

Hasta aquí parece otra historia de profetas del desastre. Pero Cholakian y la Sociedad Creativa funcionan como la cara amable en Occidente de una organización llamada Allatra, fundada por rusos y catalogada como secta. Sus fundadores son Ihor Danylov y Halyna Yablochkina.

La organización se sustenta en libros que se manejan como biblias sectarias, llenos de afirmaciones conspiracionistas. Por ejemplo, aseguran que el Éter fue eliminado de la tabla periódica por las élites porque es el verdadero transmisor del alma y de la telepatía. Sí, suena a ciencia ficción, pero ellos lo venden como dogma.

Se usan embajadores como Egon para dar credibilidad internacional. Y detrás, la estructura es más oscura de lo que parece: en 2023, en Ucrania, la policía disolvió células de Allatra por propaganda pro-Kremlin. Se encontraron empresas offshore en Chipre y Belice, registros de lobby en EE. UU. y hasta contactos con el Papa Francisco y Donald Trump.

El discurso apocalíptico no es gratuito. Allatra predice el fin del mundo hacia 2036, se camufla de movimiento científico y, al mismo tiempo, vende espiritualidad en formato piramidal. Han convertido la espiritualidad en mercado hiperconsumista: te venden la salvación del alma como si fuera una suscripción premium. Hablan de chakras, el aura, telepatía supuestamente comprobada… todo bajo un barniz de “ciencia alternativa”.

En el fondo, es marketing espiritual: diseñado para capturar a quienes buscan respuestas rápidas o consuelo en la incertidumbre. Una secta de manual, con principios basados en teorías conspirativas que alimentan a conspiranoicos alrededor del mundo.

Nada de esto es nuevo. Los Testigos de Jehová anunciaron varias veces el Apocalipsis. El efecto 2000 nos vendió pánico digital. El 2012 fue la fecha maya del fin del mundo. La fórmula siempre es idéntica: primero aterran, luego ofrecen salvación.

¿Y por qué funciona en 2025? Porque la crisis climática es real, la desconfianza en las instituciones también, y los algoritmos premian lo sensacionalista. Antes el profeta gritaba en la plaza; hoy transmite en YouTube con subtítulos y gráficos.

Y claro, detrás hay negocio: donaciones, conferencias, membresías. El apocalipsis, al fin y al cabo, es un modelo de negocio.

El verdadero riesgo no es que el mundo se acabe, sino que la gente vulnerable entregue dinero, voluntad y pensamiento crítico a grupos como Allatra. El cambio climático existe, los riesgos globales también, pero la manipulación sectaria se monta sobre esos miedos reales.

Quizá el planeta colapse. Pero antes, se acabará la credibilidad de los profetas que viven de vender el fin del mundo.

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